Cuentos Lalo: El día de la venida

Fue un día simple, como cualquier otro, me levanté para ir a la universidad, me cambié, fui al baño, limpié mis dientes, nada fuera de lo normal.

Caminé a mi universidad y todo estaba bien.

Me senté al lado de mi mejor amigo, que me saludó como siempre, un golpe en el puño, nada diferente.

Tomamos la primera clase, y todo permanece igual. La terminamos y salimos a almorzar, pero nada era normal.

Los cielos se volvieron rojos, un rojo sangre profundo, nuestra universidad está alejada y es normal el tono rojizo, pero no en la mañana, no rojo sangre.

Nos vimos extrañados, había silencio, demasiado. Fuimos a la cafetería y lo que vimos fue algo extraño, la gente estaba paralizada, en un estado como si el tiempo no pasara para ellos.

Mi amigo me llamó, algo se les acercaba, era una especie de milpies que se acercó a una compañera de otro grupo. Lo siguiente fue digno de la peor pesadilla posible.

Al milpies acercarse le arrancó un brazo de un tajo, al hacerlo la sangre brotó y ella comenzó a gritar, al intentar correr se tropezó y esa cosa fue tras ella aún con su brazo en sus fauces, la tomó con sus patas delanteras, y entre gritos terminó su brazo, luego la atacó en el abdomen y vimos como desgarraba su ropa y rompía su piel, arrancándola como a una naranja, luego extrajo sus órganos comenzando con los intestinos, la sangre y otros fluidos cubrían al milpies y los alaridos poco a poco se hacían menos fuertes.

Al terminar vimos cómo hacía lo mismo con un compañero; ambos nos vimos y quisimos ir a rescatarlo, pues traíamos unos cuchillos, pero vimos que salían otros 3 milpies que iban a por los demás. Ambos nos fuimos despacio y vimos otras criaturas.

En el camino se veían perros enormes con asquerosos dientes que les sobresalían de sus hocicos, enormes aves similares a murciélagos, todo estos estaban atacando a estudiantes, algunos corrían y otros estaban paralizados, ni idea del por qué.

Ambos corrimos como pudimos a un laboratorio en el que trabajamos, ahí nos atrincheramos y tratamos de contactar con el exterior, cosa que no pudimos hacer, ya que la red celular estaba muerta, pero logré acceder a la red cableada y leí las noticias, al parecer no era algo local, por todo el mundo se estaba dado esto, a cual lugar peor, en algunos cosas enormes atrapaban a docenas y les drenaban su sangre mientras los sostenían, otros chupaban como si fueran simples bolsas de jugo. Incluso se veía en otros vídeos como las personas eran partidas por esas cosas como su fueran papel.

Al terminar de ver esos vídeos y noticias oímos algo que nos heló la sangre, rasguños en la puerta. Nos preparamos, yo tomé mi cuchillo y mi amigo preparó un par de botes con ácido muy potente que usamos. La puerta se vino abajo y apareció uno de esos perros, mi amigo le arrojó el ácido a los ojos, que fue mucho más efectivo de lo que pensamos, pues de inmediato se comenzó a derretir este ser y murió casi de inmediato, nos miramos, tomamos más recipientes y ácido.

Salimos de ahí, esa criatura estaba totalmente muerta, no daba un solo signo de vida. Corrimos fuera del edificio, obviamente nos atacaron, pero logramos defendernos usando el ácido, incluso nos atrincheramos y matamos a varias, luego de eso nos tuvieron algo de miedo y no nos atacaron más. Seguimos corriendo hasta la entrada de la universidad, encontramos un auto abierto y con las llaves cerca, de más está decir que a su lado estaba una mancha enorme de sangre y un par de trozos de carne.

Lo encendimos y nos fuimos lo más rápido que pudimos a la ciudad, pero frenamos de golpe al verla. Era una ruina, incendios a diestra y siniestra, miles de criaturas volando y centenas en sus calles, se necesitaría un ejército para enfrentarse a ellas. Regresamos por la carretera, carente de casas y otros vehículos, un par de criaturas nos atacaron, pero al acercarse se iban, no teníamos idea de por qué.

Llegamos a una colonia donde a habían pasado esas criaturas, la destrucción era total, no había nada vivo en esa parte, sólo nosotros. Llegamos a una tienda donde se veían marcas de disparos. Encontramos lo que quedaba de los uniformes de unos policías y junto a ellos sus armas que aún funcionaban, tomamos sus cargadores de repuesto, que al parecer no pudieron usar más que el que llevaba su arma en el momento, y salimos con algo de comer.

Comimos en una esquina resguardada, no se oía nada. Al terminar decidimos ir a revisar en otros lados por más municiones o armas. Al llegar a una casa oímos sollozos y entramos en ella, era una niña que abrazaba el cadáver a medio comer y destrozado de su padre, se podía ver los restos de otra persona en el otro extremo de la habitación, sólo quedaban una mano y pelo, podría haber sido su madre.

Le hablamos, se abrazó a nosotros con terror en sus ojos, la consolamos lo mejor que pudimos y salimos. Caminamos más buscando a más supervivientes, pero no había nada, ni si quiera había más criaturas, era algo extraño, no teníamos idea del por qué atacaron con tal violencia y no había más luego.

Esa noche reunimos comida, carne, verduras, pastelillos, todo lo perecedero comenzamos a comerlo, cocinamos, mi amigo y yo tomamos una cerveza mientras cocinaba y él hablaba con la pequeña que bebe un jugo, su expresión es un poco mejor que cuando la encontramos. Llevé la cena después y comimos a gusto, hice reír a la niña cuando casi me ahogo por tratar de hablar y beber a la vez.

Dormimos, aunque yo despertaba cada tanto, me sentía intranquilo, al voltear vi a mi amigo, estaba despierto, sólo la pequeña dormía. Nos acercamos y hablamos un rato, ese día era infernal, perdimos muchísimos seres queridos, amigos, familia, conocidos, todo; él no pudo ver si su familia sobrevivió, era lo que veríamos el día siguiente. Hablamos un poco más y caímos dormidos.

Al despertar la niña estaba viéndonos, era una mirada rara, pues nos veía como un animal salvaje, por instinto tomé el arma de uno de los policías y le apunté, le dije que qué demonios le pasaba, mi amigo despertó y al ver eso me imitó. Ella se rio, con una risa infernal, salida del mismísimo infierno. Nos dijo que éramos idiotas, pero idiotas de buen corazón, aunque eso no nos salvaría de morir.

Yo disparé directo a su cabeza, una bala 9 mm Parabellum le atravesó justo en medio de los ojos e hizo estallar su cabeza, simple y sencillamente fue una explosión de masa cerebral y sangre. Pero eso no le hizo nada, se levantó el cuerpo sin cabeza y de sus brazos comenzaron a salir garras rompiendo la piel, poco a poco se rompía la carne de cada parte de su pequeño cuerpo y dejando salir a una horrible criatura negra. Le grité a mi amigo que disparara, lo hicimos, pero los daños eran poco.

La criatura saltó contra nosotros y yo golpeé con el cuchillo en su costado, cosa que me costó que me cortara ese brazo, un río de sangre salió de mi brazo, lo toleré y corrí por el ácido, al encontrarlo tomé toda la garrafa y regresé, listo para eliminarlo y fue cuando vi que mi amigo estaba destrozado, lo había desmembrado, arrancado la piel y desollado, lo peor es que vi que su único ojo me vio. Yo corrí y arrojé toda la garrafa en su cabeza, pero no le hizo nada, ni si quiera un poco de efecto mientras salía humo del resto de cosas y de los restos de mi amigo.

Esa cosa rio, me dijo que estaba muerto. Cargué adelante, arrojando mi arma y tomando un cuchillo más largo que tenía escondido, esa cosa me golpeó, perforando mi abdomen, sentí como se desgarraban mis órganos y la sangre se desbordaba junto a los intestinos, yo ya estaba muerto, pero seguí, esa cosa se sorprendió y lo apuñalé en el pecho, logré darle en lo que parecía ser su corazón y negra sangre brotó de su herida. Gritó de dolor y se desplomó justo igual que yo.

Sólo susurró que ellos habían ganado, que nosotros éramos lo último de nuestra especie, y ahora muertos, ellos habían ganado. Habían matado a toda la humanidad siendo los nuevos amos de este mundo.

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