Cuentos Lalo: la jungla

Veamos, ¿cómo empiezo?

Creo que todo fue el día en que salí de viaje con mis 2 amigos y mi novia, éramos dos parejas. Íbamos a ir de paseo por la selva, nada del otro mundo, a decir verdad; yo y otro de mis amigos conocíamos el lugar por haber ido en un par de ocasiones por esos rumbos.

Partimos en la mañana del viernes, pasaríamos unas buenas vacaciones y regresaríamos dos semanas luego para continuar con nuestros trabajos.

La mañana del viaje fue alegre, yo conducía y los demás hacían ruido, bebían algo de refresco y comían botanas, prohibimos el alcohol en lo que íbamos, pues sabíamos que tenía que haber más de uno al tanto del camino por si me llegaba a dormir, no veía algo o cualquier cosa que pueda pasar en un viaje de 6 horas.

Todo fue perfecto, nos detuvimos un par de veces por combustible, para ir al baño, a estirar las piernas y tomar fotografías. Fue un viaje bastante ameno.

Llegamos a la entrada de un recinto para acampar del cual pasamos porque queríamos ir a la selva verdadera. Recuerdo bien que el guardia nos dijo que no había problemas, pero que era bajo nuestro propio riesgo, porque se contaba de algo que andaba por ahí.

Mis amigos se rieron de eso y se emocionaron, yo y mi novia no nos queda muy convencidos, hemos visto cosas muy raras en los montes donde crecimos. Seguimos adelante, yo sin que lo notaran puse mi cuchillo más cerca de mí, que siempre lo llevo a mi lado por si necesito reparar de rápido el carro o algo más.

Llegamos a nuestro destino, un claro en la selva un tanto más adentro, ahí había otra persona, un señor que se veía local; al llegar junto a él nos saludó muy amablemente, platicamos un poco con él y le invitamos a comer, cosa que aceptó, aunque tomó poco, apenas un par de galletas. Ya con el campamento hecho nos ayudó a prender una fogata y se despidió, nos dijo que nos cuidáramos, porque por ahí pasaban cosas raras, se decía que algo rondaba por las noches.

Yo le pregunté de qué hablaba, sólo se rio y nos dijo que no saliéramos de noche por nada del mundo.

Nos pusimos algo nerviosos, pero no demasiado, pues lo creímos una broma del señor. Platicamos, hicimos la cena, bebimos un par de cervezas y nos fuimos a dormir.

Yo me quedé en la carpa con mi novia, esa noche estábamos cansados y dormimos de inmediato.

Fue aproximadamente a las 2 am que oí un ruido extraño y me desperté, eran pisadas, pero no de una sola cosa, eran muchas. Mi novia se despertó un poco alarmada, por suerte tampoco hizo ruido, ambos éramos personas que crecimos en montes y sabíamos que no hay que hacer nunca un ruido ante lo desconocido.

Yo tomé una simple derringer que llevaba para practicar un par de tiros, mi novia tomó el cuchillo de asalto que le regalé en nuestro aniversario pasado. Miramos por la ventana de la tienda y casi no pudimos acallar el grito; docenas de criaturas estaban a las afueras de la tienda, no podíamos decir qué demonios eran, pues parecían una especie de perros, pero con extremidades largas.

Mi novia de inmediato me golpeó el hombro, pues en la tienda de nuestros amigos se oían ruidos y había algo de movimiento; los muy estúpidos se les ocurrió que a esa hora era buen momento para tener relaciones. Para nuestro terror vimos que una de esas criaturas se acercaba a su tienda, yo preparé mi pistola, sabía que a esa distancia sería una suerte que le diera, pero al menos esperaba que el ruido los ahuyente.

Por suerte sólo olfatearon y se fueron, al voltear a ver a mi novia estaba pálida, eso ya era raro, esa mujer podría haber visto al diablo y ni si quiera habría movido una ceja, pero ahora parecía una hoja de papel, voltee a donde ella estaba mirando y lo vi, una criatura gigantesca, una especie de híbrido de un mono con un perro que nos estaba viendo a ambos.

Su mirada era inteligente, nos examinaba, sabía que podíamos atacar, pero no éramos amenaza. Esa mirada fue algo indescriptible, un ser mucho más fuerte y capaz que nosotros nos miraba a los ojos, riéndose de lo que pudiéramos hacer.

Fueron 3 minutos cuando esa criatura dio un rugido bajo, apenas audible, era similar al bramido de un elefante. Todas las demás criaturas lo siguieron y se perdieron en la selva. Al irse nos vio, pero esta vez con una mirada orgullosa, sin intensiones de matar, casi diciendo que habíamos pasado su prueba.

Faltaban aproximadamente 3 horas para el amanecer, mi novia y yo sólo pudimos acurrucarnos, el miedo nos impedía movernos, nos quedamos dormidos poco minutos después. A la mañana siguiente me despertó mi amigo, aún estaba abrazado de mi novia que se despertó alerta, yo no era la excepción; nos dijo que encontró huellas extrañas en el campamento. Ni si quiera pensé mucho y le sujeté de los hombros y le dije, lo más calmado que pude, que teníamos que irnos en ese instante, él me miró con miedo, pues creo que mi rostro era el de un maniaco, pero poco me importaba. Mi novia y yo en pocos minutos recogimos todo y comenzamos con las cosas de mi amigo y su pareja, ellos nos trataron de detener, pero los arrojamos lejos, bueno, yo lo hice; al terminar casi los arrastramos al auto y como alma que lleva el diablo nos fuimos de ahí.

En el camino mi novia les explicó todo mientras me concentraba en no ponchar una llanta o derrapar, pues estábamos lejos de la parada turística. Ellos al contarles estaban cada vez más pálidos, pues al saber que casi fueron atacados se rompieron y estaban sollozando. Yo conducía lo mejor posible, pero en un momento creí ver algo al costado de la carretera y la llanta delantera izquierda, justo frente a mí, estalló.

Mis amigos gritaron, mi novia se tensó y se sujetó al carro. Tomé mi derringer y se la di a mi amigo, pues es un buen tirador, y le dije que me cubriera en lo que veía la llanta. Como pensaba, algo la perforó pues tiene una enorme cortada, de inmediato regresé al interior y sin importarme aceleré. De nuevo algo negro apareció, pero frené y erró el golpe dándole en el frente al carro; lo vimos, un animal de los de anoche nos veía frente al auto y aulló, su aullido era como el de un lobo mezclado con el graznido de un cuervo, mis amigos se desmayaron y mi novia casi lo hizo, pero de un golpe la desperté, la necesitaba.

Aceleré a fondo y lo golpeamos, pasamos sobre él y atrás quedó mal herido. Seguimos conduciendo con miedo hasta la parada y nos detuvimos junto a los guardias. Ellos vieron nuestra rueda destrozada y un corte en el frente del auto. Les contamos todo y se pusieron serios, nos dijeron que lo que habíamos visto eran los guardianes de la selva, seres que sólo atacan a los injustos que le hacen daño a la selva; lo que no tenían idea es por qué nos atacaron, pues si su líder nos aceptó los seguidores no deberían habernos atacado, sobre todo porque nunca tocamos a un animal.

Mientras reparábamos la llanta de nuestro carro para irnos de ahí nos dimos cuenta que llegaba el mismo hombre que vimos en el claro donde nos quedamos. Ahí noté algo peculiar, estaba muy golpeado, como si un carro lo hubiera atropellado. Voltee a ver a mi novia y me miró con la misma mirada decidida que yo tenía, ese hombre nos había atacado, era un maldito nahual que sólo quería jodernos. Terminé de reparar el auto y le dije a mi amigo que encendiera el carro y se preparara, que nos dejara mi novia y a mí en la parte de atrás.

Regresé a donde estaba el hombre, hablando con los guardias del lugar, mi novia estaba detrás de mí, con su cuchillo desenfundado y escondido, y yo con mi derringer y un cuchillo listo.

Lo confronté y le dije directo, tú eres el maldito que nos atacó hace un par de horas, eres un maldito nahual y quiero que te largues. Él negó todo, pero los guardias no se lo creyeron y le dijeron que ellos pensaban lo mismo, entonces entre los 4, los guardias, mi novia y yo, le dimos una golpiza. Se fue con un brazo roto y la cara llena de sangre. Al irse saqué mi arma y se la puse entre los ojos, sólo le advertí que si nos tocaba a nosotros o a nuestros amigos lo mataría. Él entre llanto y gemidos me dijo que nunca lo haría, que no tocaría a nadie nunca más y que lo dejáramos, los guardias y yo lo accedimos.

Luego de eso nos fuimos del lugar, ya sin haber pasado nada tomé el carro, recuperamos nuestros lugares y nos fuimos. En el camino de ida entramos a una pequeña parte de la selva y ahí vimos de nuevo a esas criaturas y su líder, que corrían a nuestra par, el líder nos vio y sus ojos se veían felices, casi agradecidos, luego de eso se adentraron en lo profundo y tanto él como nosotros nos fuimos de ese lugar.

No sé si todo esto era para alertarnos del nahual, que quería que nos encargáramos de él o de plano que nada tenía una relación y fue una casualidad que alejamos a ese ser de la selva, pero sé que el guardián nunca nos quiso hacer daño, la verdadera amenaza fue el que pensamos que era una buena persona.

Índice