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«Día a Día»

Luego de convivir 2 años en la misma casa me empecé a adaptar a la rutina de una manera bastante rápida. Un día normal para mí empezaba con estiramientos variados o bien llenando los tanques de agua, podando el césped, haciendo leña o en algunos casos corriendo a la ciudad para hacer las compras.

Hacía más o menos 3 meses de mi quinto cumpleaños y este día empezó como cualquier otro. Por lo tanto, apenas le di importancia a la monotonía de mis movimientos. Bajé las escaleras y me encontré de frente con el tablón de madera gastada colgado en la pared.

Normalmente en este ponía Las labores del día y marcaba si había algún cambio. Aunque era un poco temprano, mi padre consiguió enseñarme a leer satisfactoriamente en el tiempo que llevábamos en la casa. Entonces se me daba un poco mal la escritura, aunque demorara un poquito ya podía leer palabras enlazadas sin problemas y comprender algunas frases.

Este día había un papel pegado en la base de la tabla. Decía:

Hoy no vuelvo hasta tarde, termina tus deberes de la mañana y ve hasta la casa de la señorita Viviana. Asegúrate de no molestarla.

Sintiéndome un tanto extrañado por los cambios repentinos en mi rutina, proseguí a quitar el obstáculo y revisar las tareas de hoy. En cuanto lo vi suspire aliviado, creo que me dije algo como. Por lo menos no es día de limpieza.

Avancé hasta la cocina y miré de reojo la hogaza de pan que asomaba por la despensa. Papá no tenía en consideración mi altura, que, aunque hubiese cambiado, apenas llegaba al metro. Bueno ¿qué se le iba a hacer? Arrastre una silla y pude llegar hasta ella.

Al terminar de desayunar continúe negligentemente hasta el patio, allí me esperaba mi mayor enemigo. Ese maldito artilugio de hierro al cual llegué a odiar desde lo más profundo de mi alma. Pero no tenia de otra, supongo que es un mal necesario. Calenté mis manos y me coloqué como me había enseñado Papá, frente a él con las pernas abiertas y la palanca al frente, de manera que quedara perpendicular a ella.

Situé ambas manos en el centro y empecé a oscilar el pivote de izquierda a derecha. El mayor problema de esto era mi tamaño, mi fuerza y mi coordinación. Ya te lo dije antes pero el sistema que usaba la bomba requería un movimiento constante. Si por alguna casualidad cogías demasiado impulso el mecanismo se trancaba solo y lo mismo pasaba si en medio del movimiento disminuías el ritmo.

Era todo un problema al principio, me demoraba cerca de una hora rellenarlo por completo. Pero, como dijo el dicho, la práctica es la madre de todas las enseñanzas. Para ese entonces solo me trababa 1 o 2 veces, pero era agotador. La fuerza que tenía que aplicarle a la palanca no era poca y mi tamaño no me ayudaba.

Demore cerca de 30 minutos en terminar de llenar el tanque.

Lo siguiente en mi lista de tareas era el plan de ejercicios que me preparo papá. Digo plan de ejercicios, pero lo que más hago son estiramiento, estiro cada parte de mi cuerpo por cerca de una hora, luego prosigo a realizar un plan de fuerza que dura cerca de 20 minutos y al terminar prosigo con otra hora de estiramientos.

Cuando termine con ello mire hacia arriba y calcule la hora, debían ser más o menos las 10 así que tenía tiempo para realizar lo que me faltaba antes de seguir las instrucciones de Papá. Corrí a casa y me quite zapatos, medias, el pulóver con el que había dormido y me quede solo con el chor. Deje todas las demás prendas en un cesto y volvo a salir al patio.

¿Recuerdas que te dije que a algunos kilómetros se encontraba un rio verdad? Pues uno de mis entrenamientos consistía en correr descalzo por el bosque hasta llegar al rio y correr lo más rápido que pudiera rio abajo sobre el camino de piedras que había en la orilla. Por último, regresar nadando en contra de la corriente. Al regresar a la casa tengo que asegurarme de mantenerme en movimiento porque si se me enfría el cuerpo puedo acumular fiebre muscular o un resfriado por el cambio brusco de temperatura.

Luego de entrar a la casa, baje al sótano y metí más leña en la caldera para regular la temperatura y tome una toalla que siempre dejo cerca de ella para secar mi cuerpo. La textura tibia de la toalla calentó todo mi cuerpo y envuelto subí las escaleras hasta la cocina. Una pequeña merienda después de mis deberes era de los pocos placeres que me permitía mi padre. Ya que la merienda constaba en su mayoría de productos pre hechos de buena calidad.

Terminé con ello rápidamente y corrí a mi habitación por un cambio de ropa. Conforme me cambiaba, empecé a organizar mi mochila, dos mudas de ropa, mi cepillo de dientes, mi jabón y mi fiel compañero. Me refiero al pequeño machete que me regalo papá el día que nos mudamos. Por aquel entonces me parecía más una espada que algo a lo que referirse con pequeño. Pero luego de dos años con él y con los 30 centímetros que he crecido desde entonces ya empieza a tomar una forma más parecida a un cuchillo largo.

Echándome al hombro mi equipaje tome rumbo en el terraplén hacia casa de Viviana, no sin antes asegurarme de que había dejado todo cerrado de manera eficiente.

No es como que pudiera usar el auto para ir su casa ya que Papá no está, así que tengo que ir caminando. No es un tramo largo, de hecho, es solo un poco más de lo que recorro en mi rutina matinal. Luego de 20 minutos a pie encontré la calle que daba entrada a la vivienda que buscaba.

Tan pronto puse un pie en el porche sentí ese sonido preventivo de la madera antes de que la puerta se abriera.

-¡Alex! Buenos días ¡Vamos! ¡Pasa! ¡Pasa!

Como siempre, sin esperar mi respuesta me arrastro dentro. Ya ni siquiera le ofrezco resistencia. Ya se había convertido en algo normal, desde que nos mudamos Viviana ha venido de visita a nuestra casa muchas veces y como es natural Alice también. Siendo la única niña de mi edad y tomando en cuenta mi naturaleza sumisa, no era de extrañar que acabara siendo u amigo/esclavo. Pero volviendo al tema de Vivi, los días que pasaba por casa era como una bendición, ¡su cocina casera es la mejor!

-Buenos días Alex, ¡Alice no corras dentro de la casa!

-Bieeeen.

-Buenos días.

Conteste tímidamente y caminamos unos pasos lentamente hasta que Vivi se dio la vuelta y volvieron a tirar de mi mano. A partir de aquí se lleva a cabo la decisión que más podía afectar mi estadía aquí. ¿A que jugamos? No tengo nada en contra de jugar y es que siendo un niño de mí edad es normal que busque algo de diversión.

El problema se encontraba en la personalidad de mi compañera de juego. Me rehúso a jugar a las muñecas, es que es aburrido en exceso, si jugamos a las traes acarrea un problema que deriva en dos ramas, la rama en la que nunca me agarra y se enfada y la rama en la que me dejo atrapar y se enfada. El escondite esta fuera de cuestión, porque si demora mucho en encontrarme el asunto empeora con lágrimas y no es nada atractivo verlas.

Cuando viene a mi casa en la mayoría de las ocasiones termina ayudándome en algunos de mis deberes (los más simples) y eso ayuda a matar el aburrimiento. Incluso últimamente le leo algún que otro libro de cuentos que trae Papá a la casa. Aquí no hay libros ni deberes por lo que me siento un poco impotente. Pero absolutamente no puedo dejar que sea ella la que elija el juego, la última vez que eso paso termine siendo su sirviente…Lo tengo.

-Dibujemos.

Con esto los problemas estarán resueltos. Como en realidad no es una competencia no habrá vencedor ni perdedor e incluso si dibuja feo yo tampoco se dibujar así que estamos parejos. Pero espera, si ella decide por si misma que el mío es mejor que el suyo, sería un problema. No, no, no, para que eso no pase solo debó dibujar peor que ella.

¡Mierda!

En lo que pensaba eso, había terminado mi dibujo y para colmo me quedo bien, no podía borrar ahora o se dará cuenta.

¿Qué hago?

-¿Alex ya terminaste?

Asomándose detrás de mí la sombra pelirroja me impuso su presencia y actué rápido para esconder la hoja detrás de mi espalda.

-No, no todavía e… Y tú ¿Cómo vas?

-Yo ya terminé mira.

Sonriendo de oreja a oreja me enseño su dibujo.

-¿He? ¡HEEEE!

¡INCREIBLE! ¿Este soy yo verdad? No es que sea muy detallista, pero esta tremendamente bien hecho.

El dibujo es como un basqueo hecho por un principiante, pero para que una niña de 5 años haya podido con esto es mucho más que un genio es impensable.

Creo que con esto estoy solucionando un problema y ocasionándome otro de manera voluntaria. Papá me había dicho que existen muchas personas con talento en el mundo y que hasta que no encuentre el mío debía esforzarme en todo lo que hacía como si ese fuera mi talento, porque el talento que no se utiliza tiende a romperse o averiarse (Como nuestra bomba de agua).

Por lo tanto, decidí que como su amigo le ayudaría a cultivar ese talento. Empecé por no elogiarla demasiado, sí, claro que le dije que era buena dibujando, pero me ahorre los superlativos que lo representaban realmente y fanfarronee un poco sobre que dentro de poco pintaría tan bien como ella.

Esperaba que eso avivara un poco sus deseos de pintar y fue un rotundo éxito, el problema está en que si yo no mejoro nada o no le prestó mucha atención al tema me romperé como una presa que intentó contener demasiada agua.

Tendré que abrir un espacio en la agenda para practicar la pintura… Y pedirle materiales a papá.

El tiempo pasó de prisa y luego de almorzar el menú divino de Vivi seguimos dibujando. Para cuando termino el día yo cargaba con una derrota moral muy grande. No había sido capaz de mejorar casi nada mientras que ella había aprendido a dibujarme en varios ángulos. Nos bañamos juntos en la misma bañera ese día, la verdad no estaba acostumbrado a ello, pero con la mente pura de un chico de mi edad no me representó ninguna dificultad especial y también que este inusual cambio de ritmo calmaba un poco el estrés que estaba acumulando.

Terminando el baño fuimos al comedor donde nos esperaba la cena y en lo que Vivi nos servía, un sonido familiar se coló por mis oídos. Era el sonido del motor que tan acostumbrado estaba a escuchar, pronto me levanté y corrí a la puerta. Tarde un tiempo en comprender que no tenía la llave por lo que me detuve frente a la puerta y di paso a Vivi para que ella se encargara del asunto. Creí ver en su pequeño rostro una sonrisa al ver mi vergüenza, pero más que enfadarme me lleno de alguna clase de sentimiento cálido.

-Buenas noches señorita Viviana, lamento haberle causado molestias.

Papa estaba lleno de polvo, con algunas partes más oscuras que otras y una de las mangas había perdido parte de las costuras.

-No, no es nada, más importante que eso. ¿Estás bien?

-Sí, esto no es más que un gaje del oficio ¿Alex no le dio problemas?

-No, prácticamente ni se hace sentir, es muy tranquilo.

Luego de hablar un rato ella volteo hacia mí y parecía decir ¿no tienes nada que decir?

-B…Bienvenido de vuelta padre.

Sacar esas palabras de mi boca me costó más trabajo que de costumbre. No es como si tuviéramos una mala relación, de hecho, yo lo adoraba. Pero quizás le respetara demasiado como para poder expresarme de una manera más natural. Ciertamente es una lástima… Desearía haber sido un poco mejor con él.

Desde ese momento la charla fue más un agradecimiento y una oferta de que como ya que la comida estaba cérvida ¿por qué no disfrutarla juntos?, creo que por ahí iban llegando los tiros. Mi padre inconscientemente esquivo los primeros, pero llegó el punto en que si no aceptaba seria grosero así que no tuvo otra opción.

Ese día la calma de la velada me abstrajo de la misma y no sentí el alboroto que se oía en los alrededores de la vivienda. Pero mi padre parece haberse percatado por lo que nos mandó a callar. Se podía escuchar un bullicio, algo como un rumor tan grande que se escuchaba desde aquí.

Knock, Knock

Llamaron a la puerta repentinamente segundos después. Vivi se levanto por reflejo para atender, pero fue detenida por mi padre y me hiso una seña para que fuera a por mi compañero. Corrí rápidamente hasta donde estaba mi mochila y la llevé con urgencia hasta el comedor. Al verme llegar papá asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia la puerta.

Knock, Knock, Knock

La madera volvió a temblar ante los golpes.

Me posicioné en la esquina de la entrada al comedor, asomando mi cabeza para poder ver lo que ocurría en el recibidor y abrasando mi mochila con fuerza para contener los nervios. Papá abrió la puerta, un hombre calvo con una cara desaliñada y con una ropa que claramente había sido seleccionada a prisa.

-Señor Ebsilon ¿qué está haciendo aquí? No, más importante ¿no ha escuchado la radio?

El rostro del hombre estaba pálido, las gotas de sudor frio corrían por su frente y sus gestos eran rápidos, torpes e incoherentes.

-Señor Vinsen, relájese, ¿está bien? ¿Quiere pasar y beber algo?

Papá notó su preocupación e intento relajarle lo más que pudo.

-¡Es la guerra! ¡Estamos en guerra! La costa este se acaba de convertir en una frontera.

Muy poco entendí del por qué ese día era mi padre se puso tan tenso. Tal vez ahora valga la pena decir que no fue por miedo. Mas me apena decir que no es algo que siquiera pude evitar.