A Kingdo of Unfortunates – Volumen 1 – Interludio 2

Interludio 2:

El anciano continuaba su marcha mientras permanecía vigilante a su alrededor. Ya podía sentir el cansancio emanar de sus huesos, pero no podía parar.

Más que nada por orgullo, dando un rápido vistazo a su espalda podía ver al joven de cabello a rastas tirando el carruaje sin dificultad. Juzgando a simple vista necesitaría hacer circular su energía de origen para poder mover el carruaje y aun así sería bastante complicado hacerlo, después de todo cuando esta se agotara no podría siquiera levantar la barandilla.

Pero usando “Análisis” podía ver que el joven no hacía más que usar fuerza pura, sin siquiera circular un poco de la energía que utilizo durante su pelea.

 

Como sucedía de vez en cuando durante el último cuarto de hora.

“Nii, ya llegamos?”

La débil voz de la niña dentro del carro se podía escuchar, el joven únicamente le respondía con “solo un poco más y podrás salir Mery” pero ya podía ver un rastro de impaciencia en los ojos del joven.

Sacando una píldora de su túnica rápidamente la metió en su boca y presiono en su pecho acumulando la energía de origen en su cuerpo. Intentaba acelerar la curación de su herida después de todo aun recordaba vívidamente el ataque que casi le destruye los pulmones.

Los niños aún estaban inconscientes en la parte trasera del carro.

Pronto se pudo distinguir la silueta de algunas casas y vallas cortas.

“Hemos llegado” declaro el anciano “frente a ustedes el pueblo de Baybrul”

Los animales eran normales, ni muy gordos ni muy flacos. Los campos estaban siendo trabajados. Y las personas parecían normales. Lo único destacable eran las hermosas flores color violeta, que crecían en las orillas del rio que cruzaba cerca de la ciudad.

 

Volteando vio una pequeña sonrisa en la cara del joven y pudo oír un susurro.

“Justo lo que buscaba”

El anciano al fin se relajó, ahora podría olvidarse del asunto y lo único que faltaba era la aprobación del jefe de la aldea. Pero teniendo en cuanta que el solicitante era un herrero joven y este pueblo estaba en expansión, no tendría ninguna razón para rechazarlo.

El anciano le miro de frente una vez estaban en la entrada del pueblo y le dijo.

“Ahora debo presentarte al alcalde del pueblo”

“Por supuesto, ya tengo ganas de construir mi tienda y comenzar a forjar”

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Algunas horas más tarde el joven cargaba su carreta por el centro del camino principal, atrayendo numerosas miradas tanto de hombres como de mujeres, aunque ambas por motivos diversos.

Continúo hasta que llego a una cabaña abandonada y bastante amplia.

Según lo que había discutido antes con el Alcalde, este era anteriormente el hogar del herrero del pueblo. Pero hace algunos años murió debido a la fiebre, por lo tanto este local había quedado abandonado y descuidado. En especial la antigua forja y fuelle habían sido desmantelados y vendidos. No quedaba más que la silueta de lo que solía ser una herrería.

Constaba de la planta baja, un sótano y un primer piso.

El frente consistía en un gran mostrador y numerosos estanterías, soportes para armaduras y ganchos colgando del techo.

Caminando hacia la parte trasera se encontraba con una escalera al piso superior donde estaban las 4 habitaciones y el baño.

Caminando hacia el fondo donde se encontraba la herrería propiamente dicha y una pequeña escalera hacia el sótano que funcionaba como un almacén.

“hogar, al fin tendremos algo de paz.”

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El carro que había permanecido varias horas frente a la herrería había sido descubierto. Las personas se reunían en las cercanías para cuchichear sobre el nuevo habitante. Mientras que la mayoría de las conversaciones se dirigían a su aspecto (de piel moreno y cabello negro, típico de los países del norte) había cada vez más jóvenes mujeres que hablaban de la fuerza descomunal del individuo.

Incluso se abrió un pequeño pozo de apuestas. Luego de ver lo que había dentro del carro descubrieron un par de yunques, dos de ellos eran del tamaño normal, es decir, de aquellos que se montan sobre un grueso tronco o un soporte.

Pero el tercero era el yunque y el soporte entero, sin separarse y por el brillo que mostraba el soporte, este también estaba hecho de acero o de algún metal.

Las apuestas estaban casi todas a favor de que pediría ayuda para mover el tercer yunque y un pequeño grupo afirmaba que podría llevarlo solo.

 

Luego de algunos minutos salió una vez más, pero al contrario de sus expectativas no llevo los dos pequeños yunques… solamente.

Con una de sus manos tomo ambos yunques pequeños bajo el brazo izquierdo y el enorme yunque negro lo alzo sin problemas solamente con su mano derecha.

Entrando sin siquiera sudar al edificio.

 

Varios minutos más tarde la multitud aún no se había dispersado ni despertado de su conmoción, ni siquiera aquellos que habían apostado  a favor del joven esperaba que lo levantara con tanta facilidad. Incluso se había perdido del momento en que el carruaje había entrado al almacén adjunto de la cabaña.

Cuando algo los saco de su conmoción.

Una joven señorita salió del edificio, aunque sus ropas eran comunes su hermoso rostro y piel de blanca como la nieve atrajo al instante las miradas de los hombres allí reunidos, su largo cabello color violeta parecía brillar y sus grandes ojos negros hacían que pareciera amable.

La joven saco el viejo cartel de madera podrida que estaba colgando del frente de la entrada principal, colgando uno nuevo. El dibujo tenía un martillo inclinado hacia la izquierda y una rosa enrollada en el cuya flor apuntaba al lado contrario.

“humpf, humpf”

La joven golpeo delicadamente su pecho y aclaro su garganta.

“Oficialmente (El martillo y la Rosa abren sus puertas)”

Seguidamente les hizo señas a quienes estaban allí reunidos para que entraran y rápidamente entro ella misma.

Pasaron algunos minutos antes de que un joven y guapo aventurero entro a la tienda.

El resto de personas se quedaron afuera nos minutos con miradas llenas de expectación, después de todo quien entro no era nada más que el mismo Valge “Espada de fuego” un conocido Don Juan del pueblo.

Pocos momentos después el salió disparado a través de la puerta de la tienda con una sangre en su boca y un agujero en su coraza de acero, dejando al descubierto una herida bastante severa.

Detrás de el salió el joven de piel morena y cabello a rastas con sus puños cerrados y bien apretados con los músculos claramente visibles a través de la delgada camisa y la mirada llena de sed de sangre.

“Esta es una herrería, si alguien desea una reparación bienvenido sea, si alguien quiere un arma nueva bienvenido sea, si alguien quiere una herramienta nueva bienvenido sea, todo aquel que quiera algo relacionado con la alquimia bienvenido sea”

De repente el aire parecía congelarse  y la sed de sangre aumento en potencia.

“Pero si alguien desea molestar a mi hermanita, le arrancare el corazón y se lo hare tragar mientras aun respire”

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