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Cap 3: Desesperanza, esperanza y arreglo.

Caminé quién sabe cuántos días, atravesé un rio y me dirigí hacia el norte. Luego de algún tiempo más, encontré un camino hecho por el pasar de cientos de carretas, caballos y personas, igual que el transitado en la aldea cuando alguien iba a vender sus pieles o cambiarlas por algo más.

Tomé una decisión sencilla, levanté un palo del suelo y lo deje caer, el viento sopló a la derecha y el palo cayó gracias a este… el camino estaba decidido.

– ¿Cuántos días llevas así? –

Escuche una voz, demasiado cerca como para no ver a nadie, fue realmente incómodo.

– ¡Donde estas! ¡Muéstrate! –

– ¿Aún más? También ¿vas a pedir mis plumas? –

– ¿Plumas? – repetí atontado.

De inmediato dirigí mi atención al cuervo en mi hombro. Este me miró fijamente y comenzó a acicalar su plumaje.

-T-tú, ¿por casualidad hablaste? –

– ¿Hay alguien más aquí a parte de tú o yo? –

– Hoo… ha pasado… me he vuelto loco. –

– ¿De verdad? ¿Cómo lo sabes? –

– Bueno, nunca oí que los animales hablaran ¿sabes? –

– No lo hacen… ¿Acaso me vez hablando? –

Claramente no movía su pico ni un solo centímetro. Solo estaba quieto observándome desde mi hombro.

– ¿Cómo es que te oigo? –

– Transmito mis pensamientos a tu mente… tú realmente no necesitas hablarme, puedo saber qué piensas. –

– Eso es incómodo, ¿sabes? –

– ¿Por qué? Llevo haciéndolo desde que atacaron tu aldea… malditos, incluso quemaron mi nido en su saqueo. –

– ¿…? Bueno… supongo que era algo que podía pasar. –

– Así es pequeño Mistios. Son salvajes de tierras lejanas que no pueden hablar la lengua común. –

– ¿Qué hacen aquí? –

– ¿Cómo voy a saberlo? Sólo soy un cuervo. –

– Si sólo fueras un cuervo no me estarías hablando. –

– No lo hago, no he dicho una sola palabra. –

– ¡Deja esos juegos! Tu entiendes lo que quiero decir. –

– ¿Así que discutes con un cuervo? Muy listo ciertamente. –

– Haha~ no tiene caso, eres tan molesto como el gato cuando se pone de esta forma. –

– Oh, ¿el que trató de comerme? –

– ¡¿Lo hizo?! –

– Claro, aún recuerdo que me arrojo algunos cuchillos, cuando falló intentó con una flecha, se detuvo cuando entendió que no me podría cazar. Aunque se molestó bastante… Creo. –

– Da igual… ¿podrías dar un vuelo y decirme si algo ocurre cerca o si vez algún pueblo o ciudad? –

– Vas por un buen camino… no te preocupes. –

– ¿Podrías ir igualmente? No quiero sorpresas. –

– Muy tarde pequeño… levanta la vista. –

En la distancia varios hombres podían verse rodeando una carreta, esta era simple, similar a las que se usaban en mi aldea, una carreta de granja utilizada para llevar las cosechas a la ciudad.

– Lo que sea que esté pasando… no es bueno ¿verdad? –

– No me preguntes, sólo soy un cuervo. –

– Ve a ver si no hay más gente escondida, intentaré hacer algo. –

– De acuerdo, pero no mueras. Sería muy aburrido si murieras ahora. –

– ¡Sólo vete de una vez! –

Eran sólo dos personas contra otras dos, el primer par solo vestían ropas simples y alguna clase de protección que consistía en una camisa de anillos de metal, no tenían casco alguno y piezas de cuero curtido cubrían sus brazos y piernas.

Espadas blandían de un largo uniforme, muescas en las hojas decían que habían pasado por mucho, nadie las había mantenido como correspondía, el metal estaba tan gastado, oxidado y golpeado que no sería raro que se rompiera en este instante.

El segundo par, extraños… gritando en extrañas lenguas, vistiendo ropajes amarillos y verdes, sus armaduras de coraza y sables curvados, su casco portaba una grotesca mascara y solo sus ojos eran visibles.

El cuero y el metal cubría sus manos, pechos y piernas, parecían portadores de la muerte. Blandiendo sus excelentes armas con destreza sin igual, pero… lentos.

Entre la refriega, un enmascarado empaló al camisa de hierro y el segundo camisa de hierro cortó la cabeza del cuerpo del segundo enmascarado, fue tan pronto que solo un instante separaba una acción de la otra.

Sin más opciones el uno y el otro se enfrentaron, ninguno se ve como un rival para mí, el problema es: ¿Quién es el bueno?

Pequeñas chispas saltaban al choque del hierro, ambas espadas por más que el que las maneja sea diestro, eran de hierro y no acero.

– Rossz anya fia! Ketté osztom téged! – grito el extranjero, furioso y escupiendo a trabes los huecos de su casco con mascara.

– ¡Habla la lengua común, maldito tártaro! ¡La aprenderás a golpes hoy! – respondió el que portaba la camisa de hierro.

El tártaro acometía con un corte en diagonal, que el otro paraba y devolvía una patada que el tártaro desviaba con su mano libre.

Una y otra vez repetían los ataques, paradas y defensas, contraataques y fintas venían en partes iguales. Ambos parecían ser diestros, pero…

– lentos… ¿son lentos por todo el metal que llevan en su cuerpo? El oso ya los habría cortado en dos… – hablando en voz alta a un lado estaba Ikrev.

– ¿Tú lo crees? – respondió el cuervo.

– Seguramente… aunque son diestros en el manejo de esas extrañas armas. –

– No son extrañas, solo tú no las conoces… veras a muchos con ese tipo de armas desde aquí. –

– Huh… lo tengo. –

De la carreta una tela se mueve en la parte posterior y el rostro de una mujer a mitad de sus 20 o principio de los 30 que trataba de observar

– ¡Henry! ¡Por favor has que termine ya! ¡Erín está muy asustada! –

– ¡Hago lo que puedo mujer! ¿Qué no ves? –

– Meg foglak ölni és megerőszakolni a nőidet! –

– ¡Calla la puta boca! No entiendo un atisbo de lo que balbuceas. –

… (Erín ha dicho… ¿es posible que… mi hermana haya sobrevivido? No… todos han muerto en aquel ataque. P-pero, si me equivoco. Si Erín logro escapar y yo lo ignoro… ¡Mierda! No puedo quedarme agazapado aquí toda la vida.) … pensó Ikrev.

Saltando desde el borde del camino, se acercó velozmente al par en combate. Desenfundando sus espadas cortas.

– Aparta. – dijo en un tono bajo, pero con poder en la palabra.

El tipo de la camisa de hierro se alejó con un rostro asombrado, observando a Ikrev con curiosidad, pero sin la predisposición de interponerse, el tártaro observo al pequeño joven y sus armas. Comenzó a rondarlo sin exponer su flanco o espalda al hombre con la camisa de hierro.

– Másik kiskutya? Én is megöllek, te mocskos disznó! – esputó el tártaro con violencia al mismo tiempo que posicionaba el filo de su espada hacia arriba y apoyaba el grueso lomo de su sable en la parte superior del antebrazo.

Con el primer tajo horizontal del tártaro, que fue de derecha a izquierda, Ikrev simplemente lo evadió ladeando su cabeza un poco, el sable pasó a centímetros de la parte más alta de la cabeza, pero ningún daño le llego.

– Eres muy lento… no quiero perder más mi tiempo contigo. –

– Teszteld a kardom szélét. Te piszkos disznó. –

Sin esperar más el tártaro avanzo fugaz, pero con violencia para cortar el cuello de Ikrev, arduo fue su esfuerzo y amplio su movimiento, sería efectivo en una persona normal. ¿Quién sabe cuántas cabezas había cortado este tártaro hasta entonces? Lucía como todo un profesional en el tema.

Mas Ikrev sólo movió ligeramente el filo de su espada izquierda, con un simple golpe al sable se desvió considerablemente, a través de los ojos del tártaro se podía ver la sorpresa y el temor, un golpe tan pesado y amplio lo dejaría simplemente desprotegido.

Con un paso adelante, Ikrev sumergió por completo la espada corta de su mano derecha a través de la axila del tártaro, la sangre comenzó a correr como un rio y los gritos de dolor y agonía no tardaron en llegar, aunque efímeros, ya que estos se detuvieron segundos después, no sería extraño que el filo atravesara uno de los pulmones y llegara al corazón.

– Solo fuiste una molestia, aunque gracias por evitarme el frio con este ligero ejercicio. –

Dijo Ikrev al cadáver en el suelo, miro su armadura y armas, era un soldado profesional casi con toda seguridad.

Tras él, el hombre de la camisa de hierro guarda su espada y pone una rodilla en el suelo tan rápido como su cansado cuerpo le permite.

– Oh joven Lord, agradezco su intervención, mas no debería un noble joven ponerse en peligro por un mero mercader. –

– ¿Eh? ¿Dónde vez un Lord? No… mejor aún, ¿qué se supone que es un Lord? –

– ¿Vos no lo sois, Mi Señor? Juraría que por tales atavíos de calidad usted sería un joven Lord o un Ritter (caballero en alemán). –

– N-no sé de qué diablos estas hablado. –

De la carreta se escuchó un pequeño estruendo y los llantos de un bebé.

– ¡HENRY! –

Ambos corrimos hacia la parte trasera del carruaje yo con una espada en mano y el hombre de la camisa de hierro también con su espada en mano.

En los brazos de la mujer, una beba de año y medio, dos años tal vez… amamantando mientras se calma. Sus manos y pies se agitan un poco, pero parece saludable.

– ¡¿Por qué gritas mujer?! –

– ¡Te dije que Erín se estaba asustando! –

– Y-ya… terminó todo, aunque tu hermano… él… –

– ¿Qué dices? – respondió la mujer con cierta mirada perdida.

– El murió. Uno de los tártaros lo mato, habría pasado lo mismo conmigo si el joven Lord de aquí no hubiera interferido. –

– Hola… – Saludó indiferentemente Ikrev.

La cabeza baja de la mujer solo demostraba lo afligida que se encontraba, su hermano yacía a solo unos metros, muerto. La vida le había sido arrebatada por asaltantes extranjeros, que nada debían hacer en tal lugar.

Dejándola sola por unos momentos el par se aleja a un lado de la carreta. Observando a los cadáveres que se encontraban sobre el suelo.

– Joven Lord, ¿qué hará ahora? –

– Primero, tomar el equipo de esos… tal vez pueda venderlos a un herrero, dudo que pueda usar algo de eso. Después… supongo que podría ayudarte a cargar a tu pariente a la carreta. Una vez terminado pienso dirigirme al pueblo más cercano o ciudad. –

– ¿Conoce el lugar al que viaja? –

– No… yo soy ignorante de estas tierras. –

– Usted ha salvado mi vida y la de mi esposa e hija, si no le molesta viajar con simples campesinos que se dedican al comercio entre poblados, entonces puedo llevarle a Rattage, donde el Lord Edwing Von Ferguson vive. –

– Ya veo… ¿podré vender las armaduras en tal lugar? –

– Es probable, si desea ganar algunos dinares entonces podría probar suerte en carrera militar, he oído que los caballeros y escuderos son altamente solicitados, a pesar de las guerras, los torneos son muy regulares. –

– Entiendo, entonces por favor, lléveme a Rattage. –

Una treintena de minutos había pasado, el armamento y armadura que los tártaros llevaban era difícil de quitar, seguramente aún más difícil de colocarlo en su lugar, pesaba horrores, especialmente el casco. Un puñal de excelente calidad con mango en plata y ornamentos en joyas como la Moldavita que adornaba cada lado del centro de la guarda, una hoja cara solamente por sus materiales.

Un puñal de misericordia normal, mango de cuerno, guarda de hierro y una excelente hoja de acero recta y en punta, el centro es grueso dando una mejor capacidad de penetración. Los sables eran de acero simple, regulares de alguna herrería militar, no poseían alguna distinción consistente o siquiera una buena calidad, parecían como sacadas de un molde y afiladas toscamente, tal vez ahora son atisbos de lo que fueron una vez, el desgaste de los mandobles y cortes entre escudos y mayas las dejaron en un pésimo estado, aun con el precario mantenimiento que se les fue dado. Por último, unas pocas monedas de plata que fueron divididas equitativamente entre Henry e Ikrev dejando 5 monedas de plata a cada uno.

– No hay duda de que estos tártaros pasaron por Valaquia o Moldava… me pregunto si son saqueadores o está ocurriendo algo más. –

– ¿Reconoces el puñal? –

– Oh… no es el caso, solo las joyas que lo adornan, provienen del oriente. Aunque no es demasiado lejos donde pueden encontrarse, aun así, son zonas bastante lejanas desde aquí. En lugares como Valaquia o Moldava trabajan mucho con estos materiales, especialmente para satisfacer a nobles damas, esposas de Lores o hijas de estos. Se usan en regalos de matrimonio o como objetos de cortejo. –

– Sabes mucho para ser un comerciante. –

– Llevo 10 años viajando, comprando barato y vendiendo caro, llevo a mi esposa y ahora a mi hija, en el futuro espero tener a un heredero varón. Alguien a quien dejar mi negocio, en mis viajes pasé por todos los países, desde donde se pueden encontrar los visigodos hasta los ostrogodos, y del sur al norte, pero lejos de los anglos, son peligrosos y bárbaros. –

– Los anglos eh… ¿Qué más sabes? –

Era un simple comerciante entonces… un comerciante que parecía ser muy listo. Los cuatro reinos germánicos se dividían fácilmente y estos siempre desconformes entre ellos, este lugar pertenece a los Romanos, los Búlgaros se encontraban al oriente, donde los tártaros, avaros, persas y árabes.

En Roma encontrarías a los Lombardos y poco más lejos a los francos y visigodos. Este territorio se conocía como Bramia justo al lado esta Moravia, nos rodean Suabia, Franconia y Sajonia, Lombardia estaba un poco más al sur.

La capital, Freyd, era un lugar donde los más ricos y famosos solían pavonearse, pero como en todos lados, rige la pobreza de los agricultores, aunque es más fácil para ellos adquirir tierras para producir vinos, cebada o cerveza, lo que sea que elijan o puedan permitirse.

Los duelos entre caballeros no era cosa rara, era bastante habitual que entre ellos se peleen con el fin de resolver alguna afrenta ocasional o que creyeran importante, también la casualidad se cierne en que sus oponentes regularmente tenían los bolsillos llenos de oro o plata, aunque su religión había prohibido tales prácticas bárbaras, de jueves a domingos pocos hacían caso.

En el camino un destacamento militar frenó la carreta y examinó el interior, ya que estaban buscando algunos fugitivos y asaltantes, un campamento de salteadores de caminos se había establecido en varias partes de los caminos, eran más que nada caballeros errantes, aquellos con más sed de oro y fama que rectitud por la caballería, a estos los acompañaban mercenarios que no conseguían trabajos o desertores, y finalmente algún que otro campesino inconforme con los impuestos que su Lord estableció y por lo tanto, tomó la decisión de dedicarse al hurto, extorción y asesinato.

Poco después de explicar los acontecimientos recientes sobre los tártaros se nos pidió seguirlos para hablar con el Lord de Rattage, Edwing Von Ferguson, quien al parecer tuvo algunos problemas con mercenarios tártaros entre otros más. Sin mucha posibilidad de negarnos, solo seguimos al destacamento de cuatro personas de vuelta.

No paso mucho hasta que el Cuervo volvió y se posó sobre mi hombro, sin decir una sola palabra. A mi lado, Henry solo lo miraba con cierta curiosidad mientras lo alimentaba con algo de pan y carne seca.