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Cap 15 Las nubes no siempre son negras.

Los piratas fueron rápidamente sometidos y dejados en la costa cercana ya que tenía forma de hacer alambre por mi cuenta, todos los que sobrevivieron fueron amarrados y envié a Vyeris a buscar a los refuerzos al refugio.

Amarramos los navíos que aun flotaban a algunos árboles con alambre trenzado y nos dispusimos a salir luego de recargar las armas, los nervios no faltaban ya que esta vez no serían pequeñas embarcaciones, esta vez podría ser un asunto grave si los que vienen traen consigo magos o Arbalestas, definitivamente podríamos salir mal parados si no aprovecháramos nuestra ventaja que son las armas que pueden disparar a mil metros de distancia, aunque no se cual pueda ser el efecto de la magia en las armas, probablemente podrían disparar a unos cientos de metros con facilidad.

Mi desconocimiento casi absoluto sobre la magia me hizo entender que es un riesgo que no debería correr, pero no tengo muchas opciones, es enfrentarlos en mar abierto o tener una reñida pelea con números en contra sobre la tierra, aunque podríamos utilizar las armas junto a granadas de fragmentación M67 y minas M18 Claymore pero aun así no podría garantizar ganar sin perdidas.

La sensación de opresión en el estómago era inmensa, este mal augurio que sentía tal vez no sean infundadas, pero ante una fuerza desconocida con navíos del tamaño de un destructor pequeño, es poco probable que no sea un ejército de algún país, tal vez cazando a los piratas o tal vez son parte del imperio y buscan a quien capturar, como fuere esto no puede ser peor, solo puede mejorar.

-Maestro… ¿Qué debemos hacer? Denos las ordenes, por usted maestro haremos cualquier cosa.-

-Gracias Esfir, tenerte conmigo me da cierta tranquilidad.-

-No me iré de su lado maestro.-

-Carguen las armas, déjenlas listas para disparar… si esto sale mal dudo que podremos evitar algo de daño en el Venganza pero es necesario que todos ustedes se mantengan a salvo.-

Con una rígida expresión Tom, Pitt y Esfir cargaron las ametralladoras Browning calibre 50 con una caja de 500 rondas y una segunda al pie del cañón para no perder tiempo en ir a buscar más munición cuando estas se terminen.

El tiempo que estipule podría tardar en llegar estas naves es de entre 5 y 7 minutos, aunque viajan a buena velocidad no se puede hacer nada con el peso, lo único que se me ocurre es que son impulsadas por velas y remos.

-Kiela, vayamos a saludarlos, por favor… mantén la cabeza debajo de ser necesario… si perdiéramos a nuestra conductora en medio de la batalla sería desastroso.-

-Tendré cuidado maestro.-

Tome el RPG y lo cargue con un cohete y deje otros tres a mis pies dentro de una caja, en el peor de los casos deberé disparar tan rápido como pueda estos cohetes.

-¡Todos! ¡Préstenme su fuerza! ¡Kiela Avancemos!-

El venganza se impulsó regio en velocidad sobre las tranquilas aguas costeras de la isla base, llegado en cuestión de segundos a los 40 nudos y con combustible suficiente para una batalla de dos o tres horas máximo, de otra forma requerirá una recarga de emergencia.

Utilizando la costa como camuflaje rodearon la costa para acercarse desde el frente y por sorpresa a estos “no invitados” con la esperanza de emboscarlos y evitar un conflicto desfavorable desde el principio.

Si Finn y la tripulación del Venganza pudieran evadirlos y ponerse en su retaguardia, el proceso lento y tortuoso de virar de las enormes naves consumiría tiempo y esfuerzo, tiempo que podrían aprovechar para llenar sus cascos de agujeros.

Al llegar al punto limite que les impedía su visibilidad salieron disparados como cohete a 48 nudos justo en uno de los lados de esta flota de tres navíos.

En una sola palabra… enormes.

Eran las cosas más grandes que había visto hasta ahora, unos inmensos Long Ships o Dakkar de cerca de 120 o 130 metros de eslora y con cerca de 12 a 15 metros de manga, con un solo palo mayor y vela, propulsado mayormente por remos, una cantidad absurda de remos por cada lado de la nave junto a dos o tres cubiertas.

Si tenemos en cuenta la cantidad de personas por remo en el total de remos de la nave, cada nave podría cargar con casi doscientas o trecientas personas, y la nave central era aún mayor.

De un color rojo fuego la nave en centro con un eslora de cerca de 150 metros y una manga de  16 metros en total, tenía dos cubiertas y una altura de cerca de tres veces el alto del Venganza haciendo que se elevara a unos sorprendentes 6 metros sobre el agua.

-M-maestro… ¿Cómo vamos a hundir esto?-

-N-no lo sé Kiela.-

Definitivamente un RPG no hará la diferencia con un solo disparo, esa embarcación al estilo vikingo podría soportar mucho castigo antes de ceder, aunque la parte media de la misma es su punto débil ya que son frágiles a los impactos directos dentro de esa zona.

Con varios soldados en la sima de la cubierta y totalmente armados estos nos vieron con sorpresa, ya que el Venganza no emitía demasiado ruido era lo más probable que no nos reconociera hasta tenernos en frente.

Uno de los soldados se apresuró a recoger algo del suelo.

-¡Preparados! ¡Va a comenzar!- grite por el momento y en ese instante el sonido característico de las recamaras siendo cargadas con una bala llego a mis oídos, al mismo tiempo que yo cargue el cañón de 20 mm, aunque sus balas son trazadoras-incendiarias ¿Cuántas requerirá hundir algo tan grande?

El soldado levanto una inmensa lanza gruesa de alrededor de tres metros pero más que el hecho de que sostenga una pica inmensa sobre un barco me sorprendió lo que estaba amarrado en la punta de esta.

Una bandera blanca.

Hondeando mientras el soldado la sacudía de un lado a otro la bandera se sacudía sin parar, el soldado luego de unos momentos estaba pálido ante la falta de respuesta, probablemente pensando que sería el primero en morir si se confunden sus intenciones.

Parando en seco luego de la señal los tres Long Ships o embarcaciones que se asemejaban mucho a esta, detuvieron todo avance y retrajeron los remos, una acción poco cotidiana si se tratar de un ataque. Pero igual que el primero izaron sus banderas blancas.

Si fuera un ataque los remos estarían impulsando a toda capacidad a las naves para lograr envestir o esquivar una amenaza.

Respirando hondo mientras seguía sacudiendo sin parar la bandera blanca el soldado se inclina ligeramente hacia atrás y suelta con todo su esfuerzo un grito.

-¡¡¡NO SOMOS HOSTILEEEEESSSS!!!-

Lleno de su esperanza de no comenzar una batalla y no llegar a ser el primero en perder la vida, el soldado rogo a los dioses en su mente que lo que había dicho llegara a los oídos de la tripulación de ese navío tan extraño.

Solo para darse cuenta que unos instantes después una persona salió levantando la mano en un saludo y el respondió con el mismo gesto.

En cuestión de unos segundos cayó sobre su trasero, la tensión del momento había hecho que no dejara de temblar y por lo tanto perdió toda fuerza en sus piernas, un par de soldados que estaban a su lado lo asistieron y un tercero se acercó para tratar de dialogar.

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El sujeto se había tomado la molestia de gritar tanto como pudo, impresionado por esta actuación que nadie haría, me asome por la cubierta y salude al soldado este devolvió el saludo antes de caerse sobre su trasero.

-Maestro… ¿Estará bien ese hombre?-

-No lo sé, tal vez perdió el equilibrio…-

-Ya veo ¿Qué debemos hacer?-

-Por ahora esperar y ver, Dile a Kiela que no apague el motor.-

-Como diga maestro.-

Esfir se acercó a la cabina de mando y dio el mensaje, Kiela acerco al Venganza a la nave central en una posición estratégica, si alguien no se asomaba por el borde de los Dakkar no podrían dispararnos pero nosotros a ellos sí.

-Tom, Pitt, preparare algunas granadas por las dudas y las dejare en esta caja, para usarlas deben jalar la anilla y arrojarlas de inmediato ¿Entendieron?-

-Si maestro, si algo ocurre las utilizaremos.-

Con una caja llena con cerca de 30 o 40 granadas de fragmentación M67 procedimos a esperar a que alguien apareciera, claro que correr desde donde sea que esté el mando de ese barco a la borda tomaría algo de tiempo.

En uno o dos minutos un soldado desarmado asomo su rostro por uno de los lados de la embarcación central.

-D-disculpe ¿Es usted el capitán de este navío?- pregunto un poco temeroso el soldado.

-Así es, mi nombre es Finn Walker.-

-Yo soy Dromon, el capitán de la nave y líder de la guardia real de su excelencia la Reina Visetome 3ra, quien viaja en este navío con tal de conocer al mercenario que logro tomar a los barcos del imperio que surcaron nuestras aguas y atacaron a nuestra población.-

Realmente no lo entendí en un principio… ¿una Reina? ¿piratas? ¡¿Qué diablos está sucediendo?! Fue lo que mi mente divago por un instante. La realidad era lo que estaba ante mis ojos y tendría sentido que alguien realmente importante viaje con este tipo de seguridad y junto a embarcaciones de tal porte.

-¿Viajo hasta aquí con tal de conocerme?-

-Es fácil darse cuenta que nave fue la que tomo a los Soldados del imperio.-

Lo exótico del Venganza también era una carta en contra ya que no había nada igual a este navío, por lo tanto cualquier acción que este desempeñe seria recordada de inmediato y las confusiones no serían algo posible.

-Sé que es algo repentino, pero ¿Podría tener una audiencia con nuestra Reina? Hemos viajando por más de tres días con tal de llegar cuanto antes, ya que habíamos oído los rumores de algunos barcos sin identificación en la zona y temimos lo peor.-

-Llegaron solo un poco tarde, ya los tomamos y arrestamos a su tripulación. Aunque no tenían nada en sus naves… respecto a la reunión, está bien iré.-

-¡Maestro!- grito Esfir.

-Tranquila, vuelve a tierra y diles que preparen todo para los invitados.-

-P-pero…-

-Si quisieran matarme lo harían en cualquier momento Esfir, no se molestaría en acciones diplomáticas para engañar a alguien que no es importante.-

-Aun así… no me fio de ellos.-

-Te entiendo, pero haz lo que digo esta vez ¿De acuerdo?-

-Muy bien maestro… se hará como usted ordene.- dijo mientras agachaba la cabeza, es lógico que no le agrade la idea de separarse de mí, porque se sentiría débil y sin poder de hacer nada sin mencionar la frustración que eso significaría.

Utilizando unas escaleras de cuerda y maderos que amablemente me alcanzaron subí por la borda y camine sobre la cubierta del long ship al mismo tiempo que Kiela alejaba al Venganza camino a la bahía para avisar a los demás y preparar una bienvenida.

-Por aquí por favor, nuestra reina está ansiosa por conocerlo.-

-¿En verdad se tomó tantas molestias?-

-Bueno… ¿Cómo decirlo? Nuestra reina es algo obsesiva en ocasiones… Cuando algo le llama la atención es realmente imposible despegar su mente de lo que sea que la atrapo.-

-No suena nada alentador.-

-Lo siento realmente…-

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Esfir había tomado el mando de regreso a lo que ella ahora podía llamar casa.

Solo podía llamar “Casa” a este lugar ya que su hogar esta junto a su maestro, desde el instante en que su maestro tomo su mente y su corazón ella había decidido seguirlo a las puertas del mismo hades con tal de pasar un instante más a su lado.

La actitud férrea de su maestro, su astucia y en ocasiones su inocencia eran cualidades que pocas veces en la vida podrían verse y mucho menos todas ellas en una sola persona.

Esfir creía en lo profundo de su ser que su maestro había llegado desde algún lugar realmente lejano para ser alguien importante… en su mente, Marqueses, Duques e incluso Reyes no eran nada comparados con su maestro.

Ella estaba totalmente segura de que si su maestro lo quisiera podría sumergir el mundo entero en fuego y temor, pero aun así no lo hizo. Esa sensación de seguridad que adquirió con el paso de los  días, era lo que jamás había tenido en el pasado.

Mientras Esfir divagaba en su mente sobre las peores cosas que podrían pasar Kiela se acercó a su lado junto a una cantimplora, probablemente llena con agua.

-Ten…- entrego Kiela suavemente la cantimplora.

-Gracias.-

Quitando la tapa y sorbiendo un trago de esta agua, el gusto salado llego a sus papilas causando un espasmo involuntario y haciendo que escupa el agua en su boca.

-¡PFFFT! ¡¿Qué significa esto?!-

-Quería mostrarte cómo eres en este momento.-

-N-no entiendo.-

-Ahora mismo eres Agria, Pesada e imposible de tomar… ¿No te diste cuenta? Estas preocupada por Maestro, aunque yo también lo estoy. Ambas somos malas compañeras para maestro ¿No lo has pensado?-

-Realmente no entiendo que tratas de decir.-

-Maestro es un hombre que crea todo con sus manos, es capaz de crear armas y objetos que ni en nuestros sueños más osados podríamos haber imaginado… una persona tan increíble y con tanto poder… ¿Qué debería temer?-

Esas palabras no solo llegaron a los oídos de Esfir sino que también la hicieron pensar profundamente.

¿Por qué teme por su maestro? Él es el hombre que desafía peligros solo porque se interponen en su camino, es quien podía sacar de lugar incluso a los poderosos y hacerlos entrar en razón. Había demostrado ser lo suficientemente fuerte para soportar tras de el a todos los esclavos que no habrían tenido jamás una vida en condiciones de no haber estado con él.

Todas estas cosas llegaron de golpe a su mente, saturándola… causando mal estar en ella. Las lágrimas llegaron regando la cubierta del Venganza. Lágrimas de arrepentimiento, pero no por culpa de alguien, sino por el arrepentimiento de no haber considerado que su maestro era alguien de tal grandeza que dudar de su palabra o su orden sería una estupidez en palabras mayúsculas.

Ese llanto era por dudar de su maestro.

-Ya entiendo… no soy digna de él.-

-Te equivocas de nuevo Esfir, Maestro cuenta contigo cuando no está… él te tomo como su mano derecha ¿No lo has notado aun? Él te confía todo lo que no puede manejar por sí mismo, es una posición incluso envidiable.- dijo Kiela mientras sonreía amablemente y prestaba un pañuelo a Esfir.

-Tienes razón… he sido tan tonta…-

-Lo bueno es que lo entendiste, sería muy malo que a pesar de esta charla tuvieras aun en ti la duda sobre el maestro.-

-Gracias Kiela… por cierto ¿Quién está conduciendo?-

-Creo que Tom o Pitt… realmente no los diferencio.-

-Son demasiado similares como para no ser hermanos ¿No es así?-

-¡Lo es! Hahaha….-

Poco después habían llegado a la bahía donde algunos de los esclavos que ahora eran pobladores o soldados las recibieron y al no ver a Finn se preocuparon en gran manera, pero luego de una breve explicación, la preocupación se transformó en entusiasmo y comenzaron a preparar un festín de bienvenida, sabiendo que es una posibilidad de mejorar las condiciones aunque tome tiempo.