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Entonces, ¿qué pasó exactamente?

La respuesta a esa pregunta fue sorprendentemente simple: reencarné.

Mi muerte fue aburrida. No estuvo acompañada de ninguna circunstancia atenuante. No estuve involucrado en ningún tipo de incidente importante, ni fui asesinado intencionalmente por ninguna razón en particular. Simplemente morí en otro accidente cotidiano. Y luego renací.

Nunca conocí ningún tipo de Dios. No me informaron de que había muerto. Pero estaba seguro de que había muerto. La sensación estaba aún muy arraigada en mi mente. Aún podía recordar la sensación del camión aplastando mis huesos y mutilando mi cuerpo más allá de toda recuperación. Todavía podía sentir la sangre y el dolor simultáneamente filtrándose de mi cuerpo mientras mi conciencia se hundía lentamente en el abismo.

Un escalofrío recorrió mi columna vertebral mientras lo recordaba. Era un recuerdo demasiado explícito para que fuera falso. Realmente había muerto. Respirando profundamente, calmé mis nervios y dejé de temblar. Aparté los recuerdos desagradables de mi mente y los dejé a un lado. Nada bueno iba a salir de vivir en el pasado.

Cuando volví en si, me encontré en lo que sólo podía describirse como un salón del trono, lleno de candelabros, paredes y pilares de aspecto costoso. No había ventanas, y honestamente parecía bastante pequeño para lo que era. Detrás de mí se encontraba un solo trono. No estaba excesivamente decorado ni era particularmente llamativo en ningún sentido. Más bien, daba una sensación de majestuosidad. Una gran alfombra azul pasaba de un extremo a otro de la habitación. La seguí con mis ojos mientras observaba la habitación en su totalidad. Había muy pocos adornos colocados dentro. Lo único que parecía caro era la puerta que estaba al final del pasillo.

En general, la habitación daba una especie de sensación siniestra. Parecía el tipo de área que probablemente estaría acompañada por un señor demonio o algún otro tipo de jefe final, con la única diferencia de que parecía un poco pequeña.

Mi mente estaba confundida. No pude evitar mirar fijamente a lo que me rodeaba. Me llevó un buen tiempo recuperarme finalmente y darme cuenta de que necesitaba comprender mejor mi situación actual.

Me puse de pie. Y mientras lo hacía, mi línea de visión cambió.

─¿Qué diablos es eso?

Inmediatamente vi una gema de color arco iris cuando me puse de pie. Estaba situada justo detrás del trono, y parecía estar irradiando una luz colorida. La gema era circular, y parecía ser un poco más pequeña que una pelota de baloncesto.

Por alguna extraña razón, decidí estirar la mano y tocarla. No tenía ni idea de por qué tomé la decisión, pero lo hice.

─¿Qué caraaaaaaarrrrrrgh?

Un dolor muy fuerte asaltó mi mente en el momento en que mis dedos tocaron la esfera. Fue como si mi cerebro fuera manipulado contra mi voluntad. Sensaciones desagradables y antinaturales recorrieron mi cuerpo mientras caía sobre mis manos y rodillas. Las lágrimas comenzaron a derramarse por las esquinas de mis ojos.

Todo lo que sentí fue dolor. Me dolía tanto que no podía ver bien; el mundo había empezado a mecerse de un lado a otro, inclinándose hacia la izquierda y la derecha. Sentí muchas náuseas.

El dolor de cabeza infernal persistió en toda su fuerza durante varios segundos antes de comenzar a disminuir lentamente. Iba y venía en oleadas, fluctuando en intensidad cada pocos momentos.

─Ya… veo…

Me las arreglé para sacar algunas palabras entre respiraciones rápidas y poco profundas. Sentí como si de repente me hubieran inyectado conocimiento, como si un diccionario se hubiera implantado en mi cerebro.

Y eso era exactamente lo que había sucedido.

─Menú.

Recité una de las palabras que el calabozo mismo me había enseñado. Un panel translúcido, parecido al vidrio, apareció en el aire, materializándose justo delante de mí. El conocimiento que había adquirido de repente me informó de que el menú que pedí era adaptable. Su apariencia cambiaría en función de su espectador; se transformaría de tal manera que siempre pareciera lo más intuitivo posible. Yo era un ávido consumidor de videojuegos, y por esa razón, el calabozo parecía haber juzgado que su menú debía parecer como el de un juego.

Si yo fuera un goblin, probablemente se habría manifestado como algo parecido a una pizarra de piedra, dado lo primitivos que eran.

Todavía me sentía un poco mareado, así que puse una mano en mi frente para evitar que el mundo se tambaleara mientras miraba las opciones del menú. Parecía tener cuatro botones: Estado, Catálogo DP, Calabozo y Gacha.

El último de los cuatro me llamó la atención inmediatamente. Hacer rodar una gacha y probar mi suerte sonaba tentador, realmente tentador. Dicho esto, entendí que no era una buena idea para mí intentarlo sin obtener primero una comprensión más sólida de mi situación actual.

Por el momento, decidí comenzar revisando mis estadísticas. Manipulé el menú tocándolo, como lo haría con un smartphone u otro dispositivo táctil.

─Espera… ¿Soy un archidemonio?

Bueno, demasiado para ser humano…


Traductor : Hamlet

Editor: Alexdraig