Goblin Kingdom Entreacto: Héroe Antiguo

Goblin Kingdom

Entreacto

Héroe Antiguo

 

Estado
Nombre Mido
Raza Hombre Lobo
Nivel 95
Clase Guerrero
Habilidades <<La Mano Derecha De La Tiranía>>
Protección Divina Dios del Viento
Atributos Viento

 

Carad era un demihumano nacido esclavo. Su padre y su madre eran ambos esclavos demihumanos, aunque su piel marrón era muy elogiada dentro de la Tribu Fang.

 

Carad nació esclavo y creció como esclavo, al igual que su madre y su padre, quienes vivieron una vida de esclavitud y finalmente murieron como esclavos.

 

“Nuestros ancestros una vez corrieron libremente a través de las vastas llanuras.”

 

Aún recordaba la suave voz de su madre.

 

“Entonces, ¿Por qué estamos aquí? ¿En un lugar como este?”

 

La vida como esclavo era horrible. Se les obligó a vivir en pequeñas habitaciones e incluso se les prohibió salir. Ni siquiera podían comer hasta saciarse.

 

Un día, cuando los hijos de los elfos le hicieron llorar, le hizo esa pregunta a su madre.

 

“… Bueno, una vez, de repente nos encontramos en medio de una guerra, y antes de que nos diéramos cuenta, terminamos aquí.”

 

Cuando Carad vio la cara solitaria de su madre, no pudo encontrar en él la manera de preguntar más.

 

Pero sabía que eran esclavos sin ningún derecho, ni el derecho a vivir ni el derecho a morir.

 

Finalmente, sus padres murieron, y algunas décadas más tarde, de repente se encontró a sí mismo como parte de un pelotón de esclavos que se dirigía a Sinfall.

 

“Yo, hermano” Le gritó una voz.

 

“Tú otra vez” Dijo Carad.

 

Frente a Carad había un joven de la tribu Fang de otro pueblo.

 

“No seas tan frío” Dijo el joven.

 

“No tengo ningún asunto contigo” Dijo Carad.

 

“Pero yo sí. Hermano, ¿No quieres venir con nosotros? Te recibiremos con mucho gusto.”

 

Este hombre lo ha estado hostigando desde ayer, pidiéndole que vaya a su aldea.

 

Allí podían cazar a su antojo, luchar a su antojo y formar una familia a su antojo.

 

“… Retirarse es morir. Todos los esclavos lo saben” Dijo Carad.

 

Todos sus camaradas cercanos, que eran como él, tenían los ojos resignados. Los esclavos solían ser asesinados cada vez que corrían a dar ejemplo.

 

“No sé qué te pasó en el pasado, pero es una oportunidad. Para ser como nuestros antepasados vamos a – ¡Hey! ¿A dónde vas?”

 

“Lo siento, pero quiero trabajar en mi arma. Quiero aumentar mis posibilidades de sobrevivir aunque sea un poco.”

 

“No es como si pudieras llamar a tu vida actual ‘vivir’.”

 

Carad se volvió furiosamente hacia el joven. “Aún así, no quiero morir. Por eso nosotros…”

 

El hombre frunció el ceño. “Todavía hay un mañana. Espero que puedas darme una buena respuesta entonces.”

 

“Te lo digo, yo—”

 

“Te esperaré, hermano.”

 

El joven se dio la vuelta y se alejó. En su espalda se podían ver innumerables heridas, algunas aún frescas.

 

“Él también es un esclavo, ¿No? ¿Por qué es tan persistente?” Murmuró Carad.

 

Cuando regresó con sus compañeros, empezó a trabajar en su equipo de hierro oxidado. La armadura de cuero que tenían estaba desesperadamente hecha por las mujeres, a pesar de que quizás nunca volverían a casa. Su armadura era muy inferior a la del acero azul plateado que llevaban los elfos.

 

Cada día era una lucha más contra la muerte.

 

A pesar de que quería encontrarse con su esposa. Aunque eran pocos, quería proteger a la gente que amaba. Esa fue la única cosa que mantuvo a Carad ‘vivo’, y no tuvo el coraje de romperlo.

 

“Oye, ese tipo justo ahora…” Dijo un demihumano.

 

Aparte de hacer el mantenimiento de su equipo no había mucho que hacer. Todo el ejército de la Symphoria se había relajado desde que conquistaron Sinfall, pero los hombres lobo aguantaron la respiración y esperaron al margen la siguiente batalla, como siempre hacían.

 

“Se fue” Dijo Carad, aunque parecía estar meditando.

 

“¿Qué? ¿Pasó algo?” Preguntó el demihumano.

 

“Me preguntaba… ¿Cómo es ser libre?” Dijo Carad.

 

—Libertad.

 

Carad trató de no pensar en ello, pero cuando no había nada que hacer, no podía evitarlo.

 

“Podrás comer toda la carne que quieras, supongo.” Contestó un demihumano.

 

“Estúpido, ¿Crees que puedes cazar con tus habilidades?” Bromeó Carad.

 

Hablaron ociosamente entre ellos, pero al final, alguien suspiró y dijo: “Probablemente se sienta como el héroe, Harid, lo hizo.”

 

El héroe, Harid.

 

Ese era el nombre del héroe hombre lobo que se enfrentó a los humanos cuando eran perseguidos por las llanuras. Carad siempre disfrutaba escuchando cuentos para dormir sobre sus historias de su madre.

 

Soñaba con llegar a ser como él algún día.

 

Nunca dejó de soñar, incluso cuando fue acosado por los niños elfos, pero en algún punto, empezó a pensar que era imposible para él convertirse en ese héroe.

 

“El héroe, Harid, ¿Huh?”

 

Desde cuándo él…

 

◆◆◇

 

Al día siguiente, ese hombre volvió. Su propuesta no había cambiado, pero de repente Carad pensó en preguntarle algo.

 

“Oye, ¿Conoces la historia del héroe, Harid?” Preguntó Carad.

 

“¿Hah? Bueno, sí, estoy bastante seguro” Respondió el joven demihumano.

 

Como dice la historia…

 

La Tribu Fang estaba viviendo pacíficamente en las llanuras, pero entonces los humanos repentinamente atacaron.

 

Comerciantes con los que alguna vez comerciaron.

 

Cazadores que los ayudaron antes.

 

Poblados que nunca antes habían visto.

 

Toda clase de humanos de repente les apuntaron con sus armas y cazaron a los de su especie. Los hombres lobo tenían las manos ocupadas huyendo.

 

Al final, los llevaron a un rincón, pero justo cuando pensaron que había terminado, apareció un héroe.

 

Un joven llamado Harid, que corrió por el bosque con sus amigos lobos grises gigantes.

 

Con la fuerza para romper incluso la armadura de hierro y un pelaje impermeable al fuego, Harid lideró a su tribu y luchó contra los humanos por el bien de sus hermanos.

 

Pero Harid no sólo era musculoso, también era inteligente.

 

Tenía amigos entre los humanos y conocía su fuerza. Sabía muy bien que si luchaba contra ellos seguramente moriría.

 

Sin embargo, a pesar de saber eso, luchó contra ellos.

 

Después de siete días y siete noches de lucha, Harid logró llevar a los humanos al otro lado de las llanuras. Había traído con éxito la paz a la Tribu Fang, pero la feroz batalla le dejó gravemente herido. En sus últimos momentos, les dijo a sus hermanos que corrieran al bosque, y luego pasó al paraíso.

 

Allí yace, recuperándose de sus heridas, y un día, cuando sus hermanos estén en peligro, se levantará de su sueño y los salvará.

 

Después de eso, la tribu Fang corrió hacia el bosque y buscó refugio ante los elfos.

 

“Se sacrificó para salvar a otros. Al final, fue nombrado héroe, para ser elogiado por siempre” Dijo Carad al joven demihumano después de contar la historia de Harid. “¿Qué crees que pensaría Harid si nos viera hoy?”

 

“… Estoy seguro de que ni siquiera él creería que los elfos podrían volverse tan podridos.”

 

Los ojos de Carad se abrieron de par en par cuando escuchó la respuesta del demihumano. “¿Volverse podridos? Pero siempre fueron así.”

 

El demihumano agitó la cabeza. “Donde vivimos, la mayoría nos dejan en paz, excepto por una visita cada pocos años.”

 

“De ninguna manera…”

 

Carad no podía creer lo que oía. Si hay que creer las palabras de este demihumano, los elfos no eran particularmente malos, era sólo Jirad.

 

Carad bajó las orejas, mientras el hombre que tenía ante él entrecerró los ojos. Una extraña y aparentemente apenada atmósfera apareció entre ellos.

 

¿Qué está pasando? Se preguntó Carad.

 

El demihumano no habló. Se quedó ahí parado en silencio.

 

“… Me pregunto por qué peleó Harid. Aunque sabía que podía morir… ¿No temía a la muerte?”

 

Cuando Carad finalmente habló, esas fueron las palabras que salieron.

 

“¿Quién sabe?” Dijo el demihumano. “Era un jefe, así que debe haber tenido un fuerte sentido del deber. Probablemente sea eso.”

 

Entonces, como si estuviera hablando de un viejo amigo, Carad dijo: “Es como si…”

 

Pero entonces una voz gritó.

 

“Hey, ¿¡Qué estás haciendo!?” Gritó un elfo, interrumpiendo su conversación.

 

“¡No está bien, tengo que irme!” Dijo Carad.

 

Pero cuando intentó volver, el joven demihumano que estaba con él tiró de su brazo.

 

“Hermano, ven aquí esta noche. Continuemos esta charla.”

 

“Ahora no es el momento para…”

 

“¡Ven! ¡Definitivamente debes venir!”

 

Entonces el hombre se volvió, y desapareció como el viento.

 

◆◆◇

 

Esta noche sería la quinta desde que ocuparon Sinfall.

 

Fuertes vientos soplaban de sur a norte, haciendo un gemido que agitaba los oídos.

 

Durante la noche los esclavos eran encadenados y reunidos en un solo lugar. Los ojos de Carad iban y venían, pero no pudo encontrar al hombre que conoció esta tarde.

 

Los elfos habían estado de fiesta otra vez, pero ahora estaba tan tranquilo que sólo los vientos hacían ruido.

 

Los oídos de Carad se levantaron mientras enfocaba su audición.

 

Por alguna razón, se sentía incómodo.

 

No paraba de pensar en la expresión de ese hombre.

 

Desafortunadamente, no podía moverse. Si se moviese un poco, las cadenas de su cuello crujirían.

 

Desde el principio, sabía que no podría encontrarse con él.

 

Carad cerró los ojos y se obligó a dormir. Sería una tontería cansarse antes de que empezara la guerra.

 

Cuando el sueño se lo llevó, vio al héroe, Harid.

 

Por supuesto, nunca había visto al hombre antes, pero había creado su propia imagen dentro de su mente.

 

Cuando vio su cara, de repente se sintió infeliz.

 

“¿Por qué?”

 

En su sueño, luchaba por hablar, pero cuando finalmente se las arregló, lo que salió fue una pregunta.

 

“¿Por qué estamos en un lugar como este?”

 

El héroe luchó contra los humanos. Eso es elogiable. Pero al final, su decisión llevó a que fueran esclavizados. Ni siquiera podía usar su vida de la manera que deseaba.

 

—”No es como si pudieras llamar a tu vida actual ‘vivir’.”

 

¿De quién fueron esas palabras?

 

Cierto. No es tu culpa que estemos aquí.

 

Pero aún así… ¿Por qué estás durmiendo tan tranquilamente?

 

¡Si eres un héroe, entonces sálvanos!

 

“—, *HUFF.”

 

De repente, Carad abrió los ojos.

 

Un mal sueño, pensó Carad.

 

Un recordatorio sombrío para un sueño; por supuesto, era malo.

 

Hacía frío. Aparentemente, su espalda había sudado frío.

 

Entonces una voz le llamó.

 

“Así que aquí es donde estabas” Decía.

 

Todavía medio dormido, Carad confundió la figura que tenía ante él con la del héroe de sus sueños, y las palabras que pronunció fueron como una mano salvadora para él del sufrimiento que sentía en su sueño.

 

Carad parpadeó un par de veces y luego miró hacia arriba.

 

—Solo, vestido con armadura, y cubierto de sangre… El héroe está ante mí.

 

“¿Ha…rid?”

 

Después de parpadear unas cuantas veces, finalmente se dio cuenta de que éste era el hombre que había hablado con él esta tarde.

 

“Oh… Eres tú.”

 

Carad intentó hablar como siempre.

 

Pensó que estaba alucinando, pero el olor a sangre era real.

 

Ese aliento que exhalaba ferozmente, junto con esa mirada aguda que le recordaba a uno que era un guerrero.

 

“¿Estás herido?” Preguntó Carad mientras se levantaba, haciendo que las cadenas temblaran.

 

En ese momento, los hermanos durmientes a su alrededor comenzaron a despertarse.

 

“Vine a recogerte, hermano.”

 

Su grave voz resonó con el viento, haciéndola difícil de oír.

 

Carad vio una luz detrás del demihumano. ¿Eso era una antorcha?

 

Los otros demihumanos observaron silenciosamente el intercambio de Carad y este demihumano mientras despertaban.

 

Carad volvió a parpadear mientras el demihumano cruzaba los brazos y hablaba en voz alta. “¡El héroe, Harid, luchó contra los humanos hasta el final de su vida! ¡Después de luchar durante siete días y siete noches, pasó cada último aliento en los brazos de sus hijos guiando a los nuestros!”

 

Carad, que hace bastante tiempo había dejado de pensar, vio la figura de ese gran héroe pasar por su mente. Los otros miembros de la tribu Fang estaban igual. Cuando él y sus hermanos comenzaron a hacer mucho ruido, el hombre que tenían ante ellos volvió a hablar.

 

“El héroe, Harid, dijo que no podía morir pacíficamente a menos que nuestra tribu cumpliera su deseo. ¡Dijo que si nuestros hermanos caían más tarde, sería nuestra responsabilidad!”

 

Con las palabras del hombre, las emociones se elevaron dentro del pecho de Carad. Temerarios miembros de la Tribu Fang portando antorchas se reunieron detrás del demihumano.

 

“¡Sálvenlos, dijo! Sólo entonces podría morir en paz. ¡Sálvenlos! ¡Exigió, lágrimas de sangre corriendo por sus ojos mientras intentaba desesperadamente extender la mano y apretar los dientes! ¡Entonces murió!”

 

¡Sálvenlos! ¡Sálvenme! ¿Cuánto tiempo había dicho Carad esas palabras?

 

Ya sea en sus corazones, o al borde de la muerte, o en sus vidas diarias…. Los demihumanos de Jirad nunca dejaron de decir esas palabras.

 

“Descendiente del feroz cristal, miembro de la Tribu Fang (Hombre Lobo), ¡Soy el Tirano, Mido!”

 

Cuando la luz de las antorchas tocó a los hombres lobo, sus espíritus se elevaron.

 

En la oscuridad de la noche, aquellas llanuras con las que Carad una vez soñó aparecieron, y el hombre ante él -No, el héroe, Harid, aulló estas palabras: “¡He venido a salvaros, hermanos!”

 

Mido aulló mientras sus emociones fluían de él.

 

“Hermanos del sur, ¡Perdonad nuestra tardanza! ¡Pero esta noche! Por fin restauraremos su gloria. ¡El último deseo del héroe, Harid, se cumplirá hoy!”

 

No había ningún hombre lobo que no derramara una lágrima por esas palabras.

 

“¡¡Libérense de sus cadenas y levántense, hermanos!!”

 

El héroe por fin había venido a salvarlos.

 

“¡Con estas manos, recuperemos nuestra libertad!”

 

Esa noche, los 200 demihumanos esclavos de los elfos cambiaron de bando a la Coalición Forni-Goblin.

 

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¿Recuerdan que el capítulo pasado dije que era un hombre trabajador? Yo tampoco, lo leí recién.

Bueno bueno, después de todo un mes sin subir nada aquí viene la droga.

No hay un pack de capítulos porque soy perezoso como la mierda y viceversa.

Traductor: Krailus

Editor: Reika

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