A Kingdom of Unfortunates Volumen 1 – Capitulo 5

Si uno le preguntara a cualquier plebeyo “¿Por el imperio de los elfos no ha conquistado aun este reino?” Con seguridad al menos 1 de cada 3 personas respondería “Por miedo a los Ordfemer” con una mezcla de respeto y temor en sus palabras.

No era para menos, cuando un elfo se encontraba con un Ordfemer lo único que podía pasar era que ese desgraciado elfo terminara como un aperitivo. Pero no es como si los elfos fueran débiles, el problema era el origen de los Ordfemer.

También conocidos como “Piel Pálida” de forma despectiva por el resto de orcos, los Ordfemer fueron un accidente, uno que derrumbo al Principado Élfico de “Vaen-lar”.

Actualmente los Ordfemer se encuentran reunidos en una comunidad creada al noroeste del Reino Meredico, en las ruinas de un fuerte anteriormente conocido como “Fuerte Carmesí”. A su alrededor se crearon numerosas comunidades tantos de goblins, orcos, trasgos y Trolls. Todos ellos en un principio se burlaban del aspecto de estos, con su piel pálida, y cuerpos ligeramente más pequeños que el de un orco promedio.

Sin embargo luego de experimentar la derrota ante la líder de los Ordfemer, Shara Urk-Min, bajaron las cabezas y reconocieron su mandato, cualquiera que pudiera derrotarla se convertiría en el líder de la fortaleza roja.

Ella se jactaba de nunca haber perdido una sola batalla, hasta que un humano tan alto y más corpulento que ella apareció, aun recordaba como luego de quitarse el casco la piel morena y el largo cabello carmesí del hombre la cautivaron luego de ser derrotada por un solo golpe de su puño.

Quinto día de la Tercera Luna, Año 300513

Shara estaba profundamente complacida mientras veía a los jóvenes frente a ella,  los 5 representaban lo mejor de su raza, habían sido educados desde su nacimiento para ser la Elite entre las Elites.

Pero su orgullo no fue dirigido hacia esos 5, si no al que estaba sentado al frente de estos. Un joven Ordfemer de corto cabello en trenza color carmesí,

Su hijo Karbogh.

Luego de haberla derrotado él se fue, renuente a tomar el cargo de líder, pero antes de irse sucumbió ante el deseo de la carne frente a la belleza que era Shara, así ella pudo concebir un hijo con el mejor guerrero que alguna vez conoció. Desde el nacimiento de este chico ella lo entreno con métodos salvajes y despiadados, métodos que provocarían a muchos otros renunciar al primer día.

Cosa que no permitió, si su padre era 10, entonces él debía  ser 20, si su padre rompía un árbol con un uña, él debía partir un bosque.

Este pensamiento inundado con un retorcido sentimiento de amor hacia el único vínculo con el que arrebato su corazón la llevo a ser mucho más despiadada con él.

Cosas como mantener pesas incluso mientras se dormía, correr bajo la lluvia todo el día sin comer, nadar en aguas heladas con grilletes en los pies, caminar sobre tablas de madera sin provocar ruido. Dar 10000 golpes a un árbol al día, con 1000 patadas extra al día siguiente por cada golpe insatisfactorio era solo cosa de rutina para ambos.

Pero hace 14 años en su sexto aniversario de nacimiento el hombre de cabello carmesí regreso. Fue hasta ella y le dijo que deseaba llevarse a su hijo para entrenarlo como era debido, naturalmente era reacia a ver a su hijo llevado lejos de sus brazos, pero al saber el poder el hombre no se negó.

No solo su hijo esa vez se llevó a otros 5 jóvenes diciendo que dependiendo de la evaluación que consiguieran, no reconocerían como una nación.

Recordó el día en que su hijo regreso, traía ropas de cuero grueso y bien tratado, su cabello en tres largas trenzas, y su cuerpo lleno de cicatrices.

Los otros jóvenes no estaban en mejore condición que él. En su primer conversación luego de más de una década aun podía reconocer al joven que era su hijo,” al parecer el enteramiento no deformo su mente”, pensaba con felicidad.

Pasaron varias semanas hasta que este día su hijo y los 5 que le seguían se presentaron ante ella.

“Madre”

No se inclinó, al igual que los otros 5, a diferencia del resto de orcos.

Lo que le causo curiosidad.

“El día de hoy llegara una enviada de la Confederación, es muy probable que sea alguien de alto estatus, pero requerirá una prueba de fuerza de nuestro líder…”

Decía con tono preocupado

“Me gustaría tomar tu lugar en este momento madre, tú no has visto como es el “entrenamiento” dentro de esa isla” Bajo ligeramente su mirada mientras que los demás mostraban un orgullo y decisión comparables a la de un héroe frente al Rey demonio. “Por tanto madre quiero me permitas tratar tus heridas luego del combate”

Shara se mantuvo en silencio todo el tiempo, observando desde su cómodo cojín las reacciones de los 6 jóvenes. En un principio se sintió feliz cuando les miraba, pero ahora había un ligero rastro de ira.

“Este mocoso ha vivido lejos de casa y ha olvidado a quien debe lealtad, Matriarca, por favor, castíguele por su arrogancia”

Un anciano de pelo grisáceo hablo desde otro cojín ubicado ligeramente más abajo que ella, sin duda a él no le importaba que le falten el respeto por ser la matriarca, pero lo que no soporto es la petición final de joven, después de todo él era el Sumo Druida y por ende, el encargado personal de las heridas de las Matriarcas.

“Niño…” decía con una voz algo pesada” Parece que has olvidado mi nombre” dijo mientras se paraba y emitía un aura asesina. “Yo soy Shara, Hija del Dragón, Señora de las Fortalezas de Piedra Roja y Líder del pueblo orco”

Con cada palabra la atmosfera a su alrededor se calentaba, mostrando su implacable ira.

“No me importa quién sea el enviado, tampoco me importa que tan poderoso sea, si viene aquí a pedir una prueba de mi fuerza con gusto se la daré, no permitiré que nadie pisotee mi nombre.”

El joven miro con cara amarga a su madre, era igual que terca que siempre.

“Este joven se disculpa” Aun con esas palabras no se inclinó, simplemente se paró y salió de la tienda, al mismo tiempo la matriarca volvió a sentarse en su cojín.

A varios cientos de metros de la Fortalezas de Piedra roja, una joven de cabello castaño rojizo con un extraña arma se dirigía al frente de un gran número de soldados en dirección de ese mismo lugar.

En las banderas que llevaban en alto y los banderines que llevaban en la espalda había un símbolo.

Un Fénix con dos alabardas detrás en un fondo negro, pero esta además tenía una inscripción en la parte inferior

Sanguis Angus Dei.

En el rostro de la joven había una ligera sonrisa mientras susurraba “Hola hermano, te encontré”

Índice