Wendigo, círculos del infierno: Capitulo I

WENDIGO

Círculos del infierno: Capítulo I

(Notas del autor: Ejem, hola buenos lectores… ¡esperen esperen! aun no ignoren esta nota, bueno primero comenzar aclarando que este es un nuevo proyecto de novela original, vamos a darle una oportunidad ¿que dicen? -la golpean- okokok ya entendí, bueno, continuaré con el mensaje abajo, espero y si nos volvamos a leer -la golpean de nuevo- )

Permanecer sentado leyendo los libros apilados a un costado de su habitación se convirtió en su único hábito. A través de ellos se sumergía en la imaginación sobre el mundo exterior, del que fue privado por mucho tiempo.

Su refugio, como le gusta decirle a su lugar favorito, posee todo lo necesario para vivir sin preocupaciones. El silencio reinaba la mayor parte del tiempo, de vez en cuando miraba alguna película almacenada en su notebook.

Mirar por alguna abertura de la ventana cubierta era lo único con que disponía para conectarse con el exterior y todo lo que hubiera en él. Se divertía mirando a perros pelear por comida o verlos correr como si su vida dependiera de ello. En eso consistía su estilo de vida actual.

Aunque no todo el tiempo estaba solo. Cada vez que necesitaba hablar con alguien, solo debía tomar su celular y marcar el número del Sr. Brown.

Steve Brown era un hombre que rondaba los treinta años, algo menudo, con un estilo un poco extravagante y muy inteligente. Su forma sofisticada de ser a veces le desesperaba, pero era el único que le comprendía. El Sr. Brown era la única persona fuera de su familia que se dignaba a escucharle o hablarle.

Y eso no era algo extraño, siempre fue un joven problemático, siempre siendo expulsado de los lugares a los que iba. Aunque tenía problemas con su personalidad, su familia era muy cariñosa con él. Algo que el atesoraba mucho, y gracias al Sr. Brown sus descontroles de ira fueron menguando de a poco.

¿Sí? Robert, dime ¿Qué  sucede?

⎯ Sr. Brown, sé que ya lo he llamado más de cinco veces, pero… hace unos días he vuelto a tener la misma pesadilla. Y… y, a veces escucho sonidos extraños. ¡No son gatos ni perros! ¡Lo juro! He revisado las cámaras y los videos registrados, pero no habían perros. Lo que vi era… eran unas figuras muy extrañas, demasiado extrañas.  

Robert, ¿Has tomado las pastillas? Si no te tomas las pastillas, no podrás dormir bien. Ya he hablado con tu madre, me ha dicho que los vecinos realizaron una fiesta que duró hasta muy entrada la madrugada. No te preocupes, recuerda hacer los ejercicios, y dormir bien. Tengo que irme, en cuanto pueda te volveré a llamar, adiós Robert.

⎯ ¡Espere! Sr. Brown, yo…

Luego de que el Sr. Brown colgara, Robert se lanzó a su cama. Eran las diez de la noche, y si no se dormía los extraños gritos y los fuertes sonidos volverían a atormentarlo. Alargando su mano, tomó el frasco encima del mueble para sacar una pastilla blanca, y agarrando un vaso de agua con la otra, se la tragó de golpe.

Miró la puerta y luego escaneó su refugio. Desde que se confinó en ese lugar, ya no hablaba mucho con nadie. Solo se despertaba para comer, hacer algunas actividades y luego dormir. Arropándose bien, miró hacia afuera. Lo único que veía era la luna, una muy distante.

Las pastillas estaban funcionando, a cada pestañeo iba entrando al mundo de los sueños. Justo antes de dormir escuchó unos gritos y golpes que provenían de afuera. Decidiendo no levantarse para ver qué sucedía, cerró los ojos.

Lo último que vio antes de quedarse dormido fueron un par de ojos que lo miraban fijamente, sentía en ellos un atisbo de locura y oscuridad.

Aquello provocó en él un miedo estremecedor, que junto con un fuerte golpe, provocaron que se cayese de la cama. Cuando miró en la dirección de dónde venían los fuertes sonidos, de pie junto al marco de la puerta, solo se encontraba su hermana menor. Miriam.

Dudó por unos segundos. Era imposible que su hermana entrara a tan altas horas de la noche para asustarlo, las únicas veces que lo había hecho era para contrabandear los dulces que su madre le prohibía. Como todas las noches, antes de acostarse su madre revisaba el cuarto de su hermana pequeña sin dejar ningún rincón sin ser examinado. Luego de que todos estuvieran acostados, Miriam sigilosamente se escurría en su habitación para pedirle y quitarle los dulces que él le escondía.

Desechó esa idea inmediatamente, cuando los rayos del sol cruzaron su mirada por fin pudo comprender lo que estaba frente a sí. Entonces, se volteó para confirmar su sospecha, y el piar de los pájaros que vivían en el árbol frente a su habitación le dio calma.

Miriam no entendía por qué tenía que despertar a su hermano mayor. Detestaba ser la niña de los mandados en la familia, solo por ser la menor siempre era ella quien tenía que hacer las tareas que su madre les daba a sus hermanos, y que estos en su afán de librarse le imponían a base de estúpidos argumentos, “los hermanos menores siempre deben realizar las tareas de los mayores…” Y aún menos entendía el actuar tan exagerado de su hermano solo por ir a despertarlo. Lo había hecho ya varias veces, así que el ya debería saber que su linda hermanita vendría a despertarle. Pero, al ver como tontamente Robert alternaba su mirada entre ella y la ventana, le pareció que definitivamente su hermano mayor era un inepto.

⎯ ¡Vamos, idiota! ¡Los demás están esperando que Don Inepto baje a dignarse a desayunar!

Sin esperar respuesta de Robert, dio media vuelta y bajó las escaleras para unirse a su familia en el comedor. Entre tanto, Robert aún no comprendía cómo era posible que su sueño, o más bien pesadilla durara tan poco. Solo había cerrado los ojos un segundo y al otro ya había amanecido. Encima había despertado súbitamente por el sonido de un fuerte golpe, cortesía del  azote a la puerta provocado por Miriam, y además tuvo que soportar como su pequeña hermanita lo miraba con una especie de lastima y repulsión,  como si hubiera visto un bicho raro.

Dejando de lado la incómoda situación mañanera, se apresuró en bañarse y vestirse para bajar a desayunar. El hambre lo estaba martirizando, y más al ver la abundante comida que había en la mesa. Sin ninguna pisca de modales se apresuró en comer todo como un puerco. Toda su familia estaba acostumbrada ya a esta escena, por lo que solo siguieron comiendo sin prestarle mucha atención al joven que comía sin saciarse.

Cuando al fin se sintió satisfecho, terminó de arreglarse para ir a su escuela. Se despidió de su familia en un minuto y salió corriendo hasta la estación de tren.

Llegar tarde a la escuela era uno de sus defectos, uno que él consideraba positivo. Qué de bueno era llegar antes a clases, si de todas formas la mayoría de sus profesores llegaban después de tres o cinco minutos. Si ellos eran flojos y llegaban tarde, por qué él no.

Gracias a su rutina, no solo arrastraba su persona a la tardanza, sino que a sus amigos también. Y, aunque habían hecho de todo para llegar lo más puntual posible, jamás lograron su objetivo.

Ya en la estación, se puso a esperar a sus amigos que no tardarían en llegar. Se acomodó en la pared mirando fijamente al otro lado de la sección en la que se encontraba. Las mismas personas se congregaban en el mismo lugar todos los días. Cuando iba a la escuela solo, le gustaba mirar a las personas e imaginar situaciones para cada una. Pero, a medida que pasaban los años, su entusiasmo disminuyó. Aunque, a veces veía personas nuevas y su imaginación volvía a resurgir.

Mientras se encontraba sumido en sus pensamientos, sus ojos se percataron de alguien nuevo. Casi en frente a él, desde el otro lado, se hallaba un joven de su misma edad leyendo un libro mientras esperaba el tren. Fijándose en su apariencia, le resultó curioso que el joven con una bufanda roja ocultara la mitad de su cara. Si bien estaban entrando en la fría estación de invierno eran pocas las personas que vestían tan cargados.

Queriendo ahondar más, se acercó unos pasos mirando siempre atentamente la figura del joven. Un rizado cabello rojizo, con ligeras pecas por su rostro, y unos ojos verdes fue lo primero que notó. Al pretender dar otro paso más fue detenido por un ligero empujón. Al mirar su costado, vio a su mejor amigo Scott rodearlo con un brazo por encima de su hombro, mientras que con la mano izquierda le daba ligeros golpes en su cabeza.

⎯ ¡Hola, dormilón! Sabes, de verdad tenemos que trabajar en esto. Ya mi madre me dio una gran reprimenda porque he superado más de 20 tardanzas en menos de un mes. ¡Si sigo así, me quitará la mesada por tres meses!

⎯ ¡Qué chillón eres, Scott! Al menos a ti solo te quitarán la mesada. A mí me prohibieron salir los fines de semana.

Luego de que su oído sobreviviera a la rabieta de su amigo, Robert miró a la joven morena fulminarlos a ambos con unos aterradores ojos cafés. Al lado de esta, riéndose sin siquiera disimular su ruidosa carcajada, Elliot, les daba sus condolencias con una expresión entre risa y pena.

⎯ ¡Demonios, ya me bastó con que Miriam me despertara de forma trágica como para que ahora reciba sus quejas!

⎯ ¡¿Estás diciendo que mis salidas son menos importantes que tu asocial vida, Inepto Robert?!

⎯ ¡¿O que mi fiel mesada que me salva de líos?!

Con un bufido, Robert desvió su mirada hasta al otro lado de la línea. El joven de pecas, que hace unos momentos estaba concentrado en su lectura, ahora los miraba atentamente.

Fue entonces que algo hizo clic en su cabeza, había algo que le molestaba mucho de aquel chico, bajo aquella bufanda roja ocultaba unos manchones cafés, algunos claros y otros oscuros, que salpicaban su rostro pálido como la leche. Solo pudo verlo por una fracción de segundo, ya que luego el tren se interpuso en su mirada.

Sin demora, él y sus amigos abordaron el tren que minutos más tarde dio marcha. Mientras se alejaban de la estación trato de visualizar al joven de la bufanda roja, pero solo pudo notar un punto rojizo que se difuminaba a la distancia.

-Sr. Brown, soy Robert por favor esta vez atienda. Sé que lo he estado llamando mucho pero las voces no se callan… necesito que me conteste, las pastillas se están terminando. Ahora solo queda polvo.

 

(Notas finales de parte del dúo Reiga: ¿Espera? ¿de verdad lo leíste? woaaaaaaaaaaaaaah!! que felicidad -se pone a llorar- bueno ya, muchísimas gracias y bueno que decirte, te explicamos que este es un proyecto surgido de la embriaguez de cierta Reika con los memes y las historias de terror, auspiciado por una gata que…bueno, quiere probar algunas cosas en esta novela.

En si, ademas de querer divertirnos mientras escribimos, queremos darles un incentivo a aquellas personas a las que les gusta escribir -ya cumplí, baja el arma- y eso, comentarte que la historia al principio sera lenta, por lo menos en el primer volumen. ¿la buena noticia? quiero que haya yuriiii -le pegan de nuevo- okokok que habrá peleas sin power ups de por medio (?) ¡Entonces buen lector, esperamos que nos acompañes en este proyecto!)

(Yo solo tengo dos cosas que decir, primero ¿Quién rayos te está golpeando? y segundo ¿Cómo que yuri? “Por un demonio, lo que faltaba.jpg” >:c A mí no me dijiste nada Gata, o acaso ¿me querías dar esa sorpresa? “Puta, que ofertón.jpg” ……….Bueno, será ¿no?……Sigan leyendo la novela, encontraran de todo….D-E ….T-O-D-O, bueno ni que fuera una novela de la deep web. Al menos tendrá sus cosillas interesantes, y no sé que más escribir. Yisus, soy un asco para estas cosas, digo para comunicarme con los lectores o con otras gentes, que no sea la Gata, es decir, ella y yo tenemos las mismas deficiencias mentales, nos entendemos….. wait…me ido por las ramas, bueeenooo, solo diré que…..si falla esta novela toda la culpa la tiene Tobe, el tobelin, el chico estrella y también le pinche cretino no me ha dado mi sustento de vida >:v  Me debe mucho e.e………Bueno, ya, esto se alargo, adiós……bb.

PD: Si quieren partes sensuales decidle a la  Gata.  Yo soy un pan de Yisus, mi mente no tiene esas facultades malévolas que me dicten describir situaciones comprometedoras en todos los posibles orientaciones sexuales que existen y que falten por existir, digo si existe el pansexual, solo falta que esté el del amor al universo y a los extraterrestre. No me digan que exista, por que no lo quiero saber tampoco :v. Ahora sí, bb.)

 

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