Arslan 1.5.5

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Arslan Tomo 1 La Capital Ardiendo: Capitulo 5 – Sucesor del Trono V

 

Reunidos en la residencia de un agricultor en una aldea conquistada por los soldados lusitanos, estaban las modestas pero firmes fuerzas anti-lusitanas. Arslan, Dariun, Narses, Farangis, Giv y Elam. Todos y cada uno de ellos aún eran muy jovenes, como Elam, que no tenía más de trece años. Sin embargo, para aquellos que habían optado por resistir al poderoso ejército lusitano como las mantis ante las garras de la hembra, seguramente no les esperaba un futuro prometedor o fructífero.

Arslan recibió un gran golpe al ser informado que su madre la reina estaba siendo presionada para casarse con el rey lusitano.

Tanto Narses como Dariun tenían la intención de ocultar estas noticias, pero de cualquier manera, una vez que la ceremonia de la boda se celebrara, los informes llegarían a los oídos de Arslan si a ellos les gustaba o no. No era algo que podía ser mantenida en secreto.

Durante algún tiempo los caballeros observaron sin decir palabra al príncipe igualmente taciturno que se paseaba de un lado a otro de la habitación.

En poco tiempo, Arslan se detuvo y murmuró con los dientes apretados

 

“Mi madre debe ser rescatada sin demora”

 

Aquella bella y al mismo tiempo distante madre de él, tanto la primera vez que cabalgaba en un caballo, como la primera vez que partió en una cacería, había recibido elogios de ella, pero algo en sus palabras le había faltado calor.

Según las damas de la corte, había oído chismes a sus espaldas “Es porque Su Majestad sólo se valora a sí misma…”. Tal vez fue posible que sus críticas estuvieran justificadas. Sin embargo, Tahmineh era, no obstante, la mujer que le había dado a luz, como un niño no podía dejar de pensar en rescatar a su propia madre.

 

“Mi madre debe ser rescatada. Antes de que ella sea coaccionada para casarse con el rey lusitano… “Arslan repitió.

 

Dariun y Narses intercambiaron una furtiva mirada. Los sentimientos del príncipe eran naturales, pero con su inferior poder actual, priorizar el rescate de la reina restringiría perceptiblemente sus opciones tácticas.

 

“Apuesto a que Su Majestad mentirosa sedujo al rey lusitano para preservar su propio bienestar. Ella es la clase de mujer que haría algo así…”

 

A Giv se le habían ocurrido tales fantasías insolentes, pero como era de esperar, no abandonaron su boca. A pesar de que ahora contaba entre la filas de Arslan, era el menos necesario de los cuatro, por lo que estaba disfrutando en sus propios términos. Había oído que Narsés se convertiría en artista de la corte. Bien por él, entonces en ese caso tal vez lo dejarían convertirse en músico de la corte. Tales cosas estaban corriendo por su mente.

Farangis de ojos verdes miraba con aprecio al príncipe.

 

“Su Alteza, no se apresure. El rey lusitano puede querer casarse con su madre, pero a los ojos de los lusitanos, su madre es una pagana. Los que le rodean no son propensos a conceder su aprobación tan fácilmente. Creo que ese asunto no avanzara muy rápido”

 

Narses asintió.

 

“Es como dice Farangis. Si la obliga al matrimonio, incitará la ira de los clérigos en particular, y si algún rey o noble ambicioso apoya el asunto, probablemente provocará luchas internas. Él no puede permitirse el lujo de forzar el asunto”

 

Después de eso, Dariun habló.

 

“Aunque esto sea desagradable para Vuestra Alteza, si la situación es como tal, debe haber pocas posibilidades de que Su Majestad llegue a sufrir daño. En cuanto a Su Majestad el rey, parece que por lo menos todavía está vivo, por lo que la oportunidad de ir en su ayuda seguramente surgirá”

 

Cada uno de ellos sabía que sus argumentos presentados eran sólidos, pero si eran o no comprensibles para un joven de catorce años era una cuestión completamente diferente. Más que reconocer la dificultad de la situación, esperaban que Arslan mostrara la tolerancia de un gobernante y colocara sus responsabilidades como tales por encima de la obligación personal.

Al final, los hombros de Arslan se desplomaron.

 

“En cualquier caso, nuestros números son demasiado pocos. ¿Con qué medios vamos a ganar aliados, Narses?”

 

Después de un tiempo, Narses respondió

 

“Imponer justicia absoluta a la tierra es probablemente imposible. Sin embargo, debe existir alguna forma de gobierno preferible a la del gobierno parsiano hasta ahora, así como a la tiranía lusitana. Incluso si no podemos deshacernos por completo de lo que no es razonable, deberíamos al menos ser capaces de disminuir tales cosas. Para ganar aliados, Su Alteza debe hacer que sus intenciones futuras sean conocidas por el pueblo Parsiano. Porque la legitimidad real no tiene nada que ver con la sangre que uno posee, sino que está garantizada únicamente a través de una gobernanza recta”

 

Esta era la esencia de sus puntos de vista, pero lo que Arslan esperaba era una estrategia más explícita. Narsés, sabiendo esto, continuó.

 

“Perdona mi grosería al decirlo, pero como gobernante, uno no necesita jactarse ni de mente estratégica ni de destreza militar. Esas son las funciones desempeñadas por sus servidores”.

 

Mirando directamente a Arslan a la cara, Narses tragó una bocanada de vino de su taza.

 

“En primer lugar, Alteza, por favor divulga sus objetivos. De esta manera, podremos concentrar todos nuestros esfuerzos en ayudarlos a cumplirlos”.

 

Arslan estaba en silencio.

 

“Cuando la conquista llegue a su fin, los lusitanos se embarcarán sin duda en la erradicación total de la cultura parsiana. Prohibirán el uso del lenguaje parsiano, los nombres de estilo parsiano pasaran a la manera de Lusitania, destruirán los templos de todos los dioses de Pars y erigirán templos a Ialdabaoth por todas partes”

“¿Habrá otra alternativa?”

“Es por eso que se llaman bárbaros. Son incapaces de comprender que otras personas también tienen cosas que valoran, por así decirlo. Cuando se trata de la destrucción de los templos, al menos…”

Narses tomo otra copa de vino.

“Según las enseñanzas de Ialdabaoth, existen tres maneras de tratar con los no creyentes. Aquellos que se convierten voluntariamente pueden conservar más o menos toda su riqueza y convertirse en ciudadanos libres. Aquellos que se ven obligados a convertir encuentran sus riquezas confiscadas y esclavizadas. Los que obstinadamente se niegan a convertir, pues…”

 

Giv pasó un dedo enfáticamente por su garganta. Narses, asintiendo en respuesta al movimiento, contempló al pensativo Arslan, el príncipe heredero.

 

“No puedo permitir que la gente de Pars se encuentre con tal final. En este sentido, ¿cómo debo actuar? Por inexperto que sea, por favor, préstenme su fuerza”

 

Los cinco, incluido Elam, fijaron sus ojos en el príncipe. Por fin, Dariun los representó a todos en respuesta.

 

“Aunque nuestra fuerza sea modesta, con mucho gusto ayudaremos a Vuestra Alteza a oponerse a los Lusitanos y restaurar la paz a Pars.”

“Tienen mis gracias. Me dejo en sus manos”

 

Arslan no poseía todavía mucho más que esta vaga convicción. Del largo viaje de autodescubrimiento, por así decirlo, que debía emprender ahora, aún tenía que recibir cualquier conocimiento. A los catorce años todavía era inmaduro, sin los grandes guerreros Mardan que lo rodean, o de sus innumerables enemigos, era una existencia sin poder. Entre las muchas responsabilidades que tenía ahora, el más importante entre ellos era sin duda su propio crecimiento.

 

Trad. Usume

 

 

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