Arslan 1.3.3

Arslan Tomo 1 La Capital Ardiendo: Capitulo 3 – La Capital en Llamas III

 

En las paredes de los confines de la capital, donde el sonido del barbat de Giv no pudo llegar, la sangre y fuego continuaron llevando a cabo una sinfonía de masacre. Los lusitanos que habían sido momentáneamente intimidados por la muerte de su rehén reanudaron su asalto en las murallas, los Parsians se reunieron a la batalla de las murallas. A lo alto se veía torres con lusitanos, un soldado corrió para informar a Marzban Saam.

“¡Son ellos! ¡Esas son las torres desde las que dispararon flechas de fuego y avergonzaron a nuestras tropas! ”

“¿Ese tipo de juego sucio?”

 

Con un chasqueo de su lengua, Saam ordenó a los soldados que llenaran las bolsas de piel de oveja con aceite. La formación del ejército era defensivo contra las flechas de fuego para bloquear el ataque desde las torres, defendiendo a los soldados que se ponian en acción y colocaban las bolsas en las catapultas. Las bolsas golpeaban las torres, y el aceite derramado empapaba a los soldados en la parte superior.

 

“¡Disparad las flechas del fuego!”

 

Al dar la orden, cientos de flechas de fuego de un color rojizo intezo adornaban el cielo. Ni una sola cosa obstruía su camino desde las murallas hasta las torres.

Las torres de asedio de los lusitanos se transformaron en torres de fuego. Los soldados lusitanos, sus cuerpos envueltos por el fuego, aullaban, y cayeron al suelo; poco después, las torres se derrumbaron también.

Se destruyeron las torres, los lusitanos seguían su asedio y colocaban escaleras en las murallas, uno tras otro comenzaban a subir. A su vez, los Parsianos en los muros soltaron una lluvia de flechas sobre las cabezas de sus enemigos, les echaron aceite hirviendo antes de soltar flechas de fuego, y de vez en cuando lanzaban pesadas rocas a través de una abertura hecha en la muralla para ese propósito con el que aplastaban a los soldados lusitanos. Los lusitanos ocasionales lograban llegar a la cima, pero como llegaban en solitario se veían rápidamente rodeados por los soldados parsianos, atacantes y defensores.

En este punto, la capital de Ecbatana ya había resistidos por 10 días, los lusitanos no habían podido dar ni un solo paso dentro de la ciudad. Los lusitanos, ya habían perdido 50,000 mil de sus números en la batalla de Atropatene, quizás se dieron cuenta de la estupidez de un asalto directo de fuerza bruta y ​​decidieron recurrir por fin a las tácticas psicológicas.

En el quinto día del undécimo mes, más de cien cabezas estaban alineadas en una plataforma a la vanguardia de las filas lusitanas.

 

“¡Ríndanse, o compartirán su destino!”

Una amenaza simple, pero al ver las caras que les mostraban el ejército parsian recibió un duro golpe.

La reina consorte Tahmineh vio la cara pálida de Marzban Saam, que había venido al palacio para hacer su informe.

 

“¿Su Majestad?…”.

“No, mi reina. Su Majestad no se ve entre ellos. Sólo el Eran, Lord Vahriz, y los Marzbans Manuchehr y Hayir… ”

 

Saam habló con los dientes apretados. Contemplo, de esta manera, las cabezas de los hombres con los que alguna vez había cabalgado a la batalla y había compartido bebidas juntos, no podía permanecer indiferente.

 

“¡Saam! ¡Lo mejor es abrir las puertas y cargar hacia ellos! La caballería aun prevalece, no debemos permitir que estos bárbaros lusitanos continúen hacían lo que quieran a su antojo ” propuso el Marzban Garshasp.

 

“No hay necesidad de entrar en pánico. Somos 10 mil defendiendo estas murallas, y nuestras provisiones y armamento son más que suficientes. Si esperamos que los refuerzos lleguen desde la frontera oriental, con su apoyo podemos rodear a los lusitanos hacia afuera en un ataque de pinzas y demolerlos en una sola mañana. ¿Hay alguna necesidad de lanzar un ataque prematuro?”

 

Como los dos hombres encargados de los asuntos militares de la ciudad, Garshasp y Saam a menudo eran contradictorios. Garshasp se inclinaba a la ofensiva inmediata; Saam se resignaba a seguir a la defensiva. Por otra parte, cuando los lusitanos fuera de la ciudad habían incitado a la ghulam en la ciudad a la rebelión con promesas de expiación y perdón de dios, Garshasp uso los métodos de fuerza para reprimir a los esclavos, mientras que Saam se oponían a él, insistiendo en que tales acciones elevarían su ira y sólo contribuyen a sentar las motivos de rebelión.

 

“¿Cuántas veces debo decirte? No hay razón para el pánico. Todavía esta Keshvad. Bahman también. Ellos seguramente guían sus tropas en nuestra ayuda “.

“¿Cuando?”

 

Aunque era tersa, la respuesta de Garshasp se llenó hasta el borde de animosidad. Tampoco Saam sintió ninguna necesidad de responderle. Incluso si Keshvad y los otros estacionados en las fronteras orientales se volvían hacia la capital inmediatamente después de recibir noticias de la derrota en Atropatene, les llevaría no menos de un mes llegar. Además, él y Saam deben ahora dejar de lado estos asuntos militares para hacer frente a un dilema mucho más urgente.

 

“Ni el estatus de Su Majestad el rey ni el de Su Alteza Real el príncipe heredero es conocido. ¿A quién debemos seguir en la batalla que tenemos por delante? ”

 

Garshasp habló así:

 

“Si por alguna loca ocasión les ha sucedido algo a ambos, ¿qué será del Reino de Pars?”

“Cuando llegue el momento, no tendremos más remedio que coronar a la reina consorte Tahmineh como soberana y que ella gobierne el país como reina Regnant”.

“Tsk…”

 

Garshasp chasqueó su lengua.

 

“Si tal cosa sucede, sin duda el pueblo de Badakhshan se regocijará. La consorte del príncipe de Badakhshan se convierte en reina Regnant de Pars! Al final, ¿no es Badakhshan quien reiría de último? ”

“No discutas sobre la historia antigua. Sea lo que sea que haya sido en el pasado, en la actualidad no es otra que la reina consorte de nuestro reino. Aparte de ella, ¿quién más puede ser adecuado para el cargo?”

 

A medida que hablaban, el ataque de los lusitanos continuaba. En particular, los gritos dirigidos a la ghulam en la ciudad aumentan sin cesar.

 

“¡Oh oprimidos de la ciudad! La humanidad no estaba destinado a ser esclavo. Todos son iguales a los ojos de Ialdabaot. Sea rey o caballero o campesino, todos iguales son discípulos de dios. ¿Por cuánto tiempo piensas gemir bajo el peso de la tiranía? ¡Redimine tu dignidad y rompe tus cadenas! ”

“Qué absurdo. ¿No son ustedes los bastardos los que nos están oprimiendo?

 

Mientras Garshasp murmuraba desgraciadamente para sí mismo, llegó un informe urgente.

 

“¡Los esclavos han prendido fuego al Gran Templo! ¡Golpearon a los sacerdotes hasta la muerte con sus cadenas y pretenden dar la bienvenida a los lusitanos a través de la puerta del oeste!

 

Garshasp se dirigía entonces a la defensa de la puerta norte, pero inmediatamente confió el mando a su subordinado y cabalgó solo hacia la puerta oeste. En medio de un remolino de llamas y humo se enfrentaban una escaramuza de esclavos y soldados.

 

“¡Defiendan las puertas! ¡No dejen que la abran!”

Cuando Garshasp llego a las puertas a caballo, los esclavos, llevando antorchas y palos, al principio giraron para correr, pero al notar que Garshasp estaba solo, volvieron para enfrentarle. Parecía que no era la gran cosa y que podían derribarle de su montura.

La espada de Garshasp cortó de izquierda a derecha desde lo alto de su caballo en ráfagas de luz pálida. La sangre brillante adornaba la tierra junto a los cadáveres de esclavos que comenzaron a ensuciar el pavimento de piedra. Llorando de desesperación, los esclavos intentaron huir, esta vez de verdad, sólo para encontrarse rodeados por Saam y sus hombres que llegaban. Así que las puertas ya estaban aseguradas.

 

“Garshasp! ¿Matar a los esclavos es algo de lo que puedes estar orgullosos?” Escupió Saam asqueado.

 

Garshasp perdió la paciencia.

 

“¡No son esclavos, sino el enemigo!”

¿No empuñan más que palos?”

“¡Dentro de su corazón, llevan afiladas espadas!”

 

Frente a esta refutación, Saam cerró la boca. Pero mientras observaba cómo los esclavos eran devueltos a su lugar y se arrastraban, volvió a hablar.

 

“Mira sus ojos, Garshasp. Puede haber matado a una docena de esclavos, pero a cambio has dado motivos a mil más.”

 

La evaluación de Saam golpeó su orgullo.

Al día siguiente, no lejos de la puerta norte, los esclavos que habían sido encarcelados allí en una pequeña celda se rebelaron.

Incapaz de soportar estos sucesivos disturbios de esclavos, Marzban Saam buscó audiencia con la reina Tahmineh y le ofreció consejos exhaustivos sobre cómo mejorar la situación.

 

“Ya no hay otra opción. Su Majestad, le ruego que: emancipes todos los esclavos en la ciudad, elevarlos a AZAT, y ofrecer una compensación. Si esto no se hace, la capital real se convertirá en nada más que una ilusión fantasiosa del pasado”.

 

Las delgadas cejas de la reina se unieron consternadas.

 

“No es que no entienda tu sugerencia, Lord Saam. Sin embargo, el wispuhran, wuzurgan, azadan, azat, y ghulam forman las piedras angulares de la sociedad Parsian. Demoler los fundamentos mismos de la nación y convertirlos en la nada creara una seguridad momentánea, al regreso de Su Majestad el rey una excusa o disculpa no será suficiente”.

Saam soltó un suspiro ante la obstinación de la reina.

 

“Eso es verdad. Pero con todo el debido respeto, Su Majestad, esas llamadas fundaciones  están incluso en este mismo momento, poniendo en peligro la capital. ¿Quién, después de todo, lucharía por un país que los mantiene bajo esclavitud? Los enemigos que nos sitian han prometido a estos esclavos exactamente lo que no podemos concederles. Incluso si ese tipo de promesa difícilmente puede ser digno de confianza, desde la perspectiva de los esclavos que han perdido la esperanza en sus actuales circunstancias, creer en tal promesa ya no es irrazonable”.

“Entiendo. Lo consideraré.”

 

Como la reina no ofreció ningún compromiso adicional, Saam se vio obligado a retirarse.

Y así la situación siguió empeorando.

.

Para el trovador Giv, que había sido conferido a una habitación en el palacio, era como si el caos de fuego de la batalla en el exterior no era de su incumbencia en absoluto. Se entregaba a una vida de lujo, restaurantes, y la indolencia en general, hasta que una noche, fue llamado a las oficinas del primer ministro Husrav.

El primer ministro, que, debido a un estómago malo, parecía más como un plebeyo empobrecido, saludó al joven trovador con una sonrisa obsequiosa.

 

“Me pregunto si, como parece, tu ingenio no es tan impresionante como tu tiro con arco”.

“Me lo han dicho desde que era niño.”

 

La alegre aceptación de Giv por esta adulación dejó al primer ministro Husrav sin palabras. Su mirada recorría los detalles del mural en las paredes. Entonces, con si hubiese hecho algún tipo de descubrimiento, invitó a Giv a sentarse. Bien consciente de que tenía la ventaja, el joven trovador se estableció sin el menor indicio de reserva.

 

“Ahora, entonces. Hay algo que me gustaría discutir contigo. Dada tu indubitable inteligencia, supongo que puedo ¿confiar en ti?”

 

Giv no respondió de inmediato. Él fijó su mirada en el rostro del ministro, cada uno de sus sentidos examinando el aire a su alrededor. Podía sentir el aura metálica de la hoja y la armadura. Si rechazaba la propuesta del ministro, su oponente no sería simplemente un solo caballero totalmente blindado. Además, estaba desarmado. Si se rehusaba a ello, siempre había la opción de usar al ministro como un escudo humano, pero este pequeño funcionario marchito parecía ser más agudo de lo que parecía.

 

“¿Asi que? ¿Qué tal? ¿Aceptarás?”

“Vamos a ver… dado una razón adecuada y una recompensa adecuada, y por no hablar de la posibilidad de éxito, entonces por supuesto voy a aceptar, pero…”

“Para asegurar la continuación del Reino de Pars: sólo eso es la razón. La recompensa, creo, será satisfactoria.”

“Si ese es el caso, excelencia, haré mi humilde mejor esfuerzo.”

 

Evidentemente satisfecho, Husrav asintió con la cabeza.

 

“¿Es eso así? Cuando escuche su respuesta, estoy seguro de que Su Majestad la reina también estará contenta.”

“¿¡Su Majestad!?”

“Invocarlo aquí no fue idea mía. Era la voluntad de Su Majestad. Un signo de la gran fe que ella pone en ti. ”

“Umm. Para depositar su fe en un trovador vagabundo como yo, estoy completamente complacido.”

 

Ninguna de las partes era completamente sincero. Sólo un estúpido como un cerdo creería en las cortesías de los poderosos y los privilegiados.

 

“En resumen, Giv, quisiera que acompañara a Su Majestad la reina a través de un pasaje secreto y la llevara a algún lugar seguro fuera de la ciudad.”

“¿Su Majestad va a escapar de la capital?”

“Todo está bien.”

“La capital real se titula así por la presencia del rey y su consorte. En el momento en que uno se ausente, Ecbatana ya no será digna de su buen nombre.”

 

Fuera cual fuese el sarcasmo que estuviera presente en sus palabras, el ministro no pareció darse cuenta, envuelto en tonos agradables y plateados.

 

“Si la reina escapa con éxito y se une en otra parte con Su Majestad el rey en seguridad, estableciendo así una vez más la autoridad real de Pars, esos generales y soldados y súbditos que aún permanecen leales seguramente se reunirán allí. Ecbatana o no, no hay necesidad de quejarse y aferrarse a tal cosa. ”

 

En general, bien dicho.

 

“Hay un millón de ciudadanos en Ecbatana. ¿Qué hay de su vida? ”

 

En el momento en que Giv señaló esto, el ministro reveló instantáneamente su disgusto. Como tal charla ya no era mero sarcasmo, pero la censura pura y simple, el ministro difícilmente podría no darse cuenta.

“Eso no tiene nada que ver contigo. Lo más importante es que la familia real debe ser protegida. Es simplemente imposible tener en cuenta cada último plebeyo por ahí. ”

“… Eso es. Eso es exactamente por qué los ciudadanos inocentes no tienen más remedio que defenderse por sí mismos. Tal como yo.”

 

Como el ministro no era un lector, no podía oír el murmullo en el corazón de Giv que había servido como primer ministro de Pars durante dieciséis años sin incidentes, fue simplemente porque anticipó hábilmente la voluntad de Andragoras, cuya autoridad era absoluta, sin llegar nunca a su lado malo, y poseía un juicio excepcionalmente juicioso tanto en el tribunal interno como en el externo Intrigas

Todas las decisiones fueron dejadas a Andragoras. Todo lo que Husrav tenía que hacer era darse cuenta de esas decisiones en consecuencia. Aunque enriquecía sus arcas personales de vez en cuando, comparado con la mayoría de los demás nobles y sacerdotes, sus ofensas no eran escandalosas; Y además, probablemente se daba por supuesto que un alto funcionario aprovecharía su posición y que uno en posición de poder recibiría ciertas asignaciones de la gente común. No tenía ninguna razón para explicarse a los gustos de algún vagabundo mezquino como Giv.

Cien dinares fueron otorgados a Giv. Giv los aceptó con una gran muestra de reverencia. No había necesidad, después de todo, de rechazar lo que se daba libremente.

 

Trad. Usume
Editor:Pegna

 

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