Terror Infinity V6 C9-1

Terror Infinity 

Vol. 6: Capítulo 9-1.

 

Zheng salió del túnel empapado en sangre, no sólo de sangre sino también piezas de carne y órganos. Se parecía más a un demonio que a un fantasma en este momento, especialmente por los pequeños trozos de carne en las comisuras de la boca.

Las dos mujeres que estaban atadas no le podían ver debido a su línea de visión. Los otros dos eran un asesino y un monstruo, por lo que se mantuvieron bastante tranquilos después de verlo. Aunque la cara de Imhotep se movió un poco.

Zheng miró a Imhotep. Imhotep se convirtió en una tormenta de arena y se extendió a las tres mujeres. Zheng estaba casi a un centenar de metros de ellos por lo que no podría llegar a ellas a tiempo. La tormenta de arena se envolvió alrededor de los cuellos de las tres mujeres e Imhotep gritó. “¡No me fuerces a hacerlo! ¡Sólo quiero revivir a Anck-su-Namun! Dame el Libro de los Muertos y voy a dejarlas ir. ¡Voy a ir a buscar a otras ofrendas de sacrificio! ¿Qué tal si arreglamos esto en paz?”

Sin embargo, los jugadores sabían que no había manera de hacer la paz. Su misión era eliminar a Imhotep, por no hablar que Zheng no podía darle el libro.

Zheng tomó una respiración profunda y suprimió su intención asesina. Sacó el libro y dijo. “Imhotep, dejare el libro aquí. Libéralas y déjalas que caminen hacia mí. Puedes venir a tomar el libro. Libéralas de las cadenas si estás de acuerdo conmigo.”

Imhotep estaba encantado al ver el libro. Rápidamente rompió las cadenas y luego volvió a su forma humana.

Evelyn y Lan masajearon de inmediato sus brazos y piernas que se adormecieron por la presión de las cadenas. Ellas casi se cayeron al suelo una vez que abandonaron el altar. Afortunadamente Yinkong estaba allí para ayudarles. Luego, se dirigieron hacia Zheng.

Zheng se quedó mirando fríamente a Imhotep. Imhotep también contempló a las mujeres con precaución. Colocó la daga en el altar, junto a la momia de Anck-su-Namun. Después que las mujeres caminaron a diez metros de él, llamó a una tormenta de arena que se extendió sobre el libro y lo agarró. El libro estaba en su mano antes que Zheng pudiera reaccionar.

Las tres mujeres también llegaron donde Zheng. Yinkong le dijo en voz baja. “No lo puedo dañar sin la daga. ¿Tienes algún plan?”

Zheng sonrió con amargura y respondió en voz baja. “Nada bueno. He agotado mi Energía de Sangre en la lucha de antes. En cuanto al anillo de Na, yo no creo que sea lo suficientemente fiable. Tenemos que conseguir el libro de Amón-Ra. Las Esfinges se han ido por un tiempo ya, estoy preocupado por O’Connell y los demás.”

Evelyn estaba conmocionada y gritó. “¿Qué hay de O’Connell? ¿Qué les pasó a ellos? ¿No los protegías?”

Imhotep miró con frialdad desde lejos y se burló. “No sólo ellos, ¡también van a morir! Salir, guardianes de la tumba. ¡Destruyan a aquellos que han faltado el respeto a los muertos!”

Los pasos de un ejército llegaron a través de un túnel. Un grupo de momias salió. Todos ellos llevaban escudos y armas metálicas. La calidad de estas armas era más alta que las que vieron en las momias en El Cairo.

Zheng cargó hacia Imhotep sin pensar, pero una fuerza lo barrió desde arriba. Una Esfinge se dejó caer desde el techo, justo entre él e Imhotep.

Imhotep se burló mientras tocaba el libro. “Es muy problemático encontrar ofrendas de sacrificio. ¿No crees que existen tres aquí? Tres vírgenes. La sangre de una virgen es la mejor ofrenda para el dios de la muerte. ¡Todos ustedes morirán aquí! Levántense, ¡mis sirvientes!”

Arena se reunió a montones alrededor del borde de la habitación, Mientras Imhotep cantaba. Las pilas se hicieron más grandes y más grandes, luego se transformó en Esfinges de varios metros de altura frente a sus ojos. Estas Esfinges le gritaron a Zheng tan pronto como tomaron forma.

Evelyn dijo en voz baja. “Piensa en algo, ¡Zheng! ¡Con rapidez!”

Zheng también estaba ansioso. Él era el único que podía hacer daño. A pesar que Yinkong podría luchar, pero sin un arma, era extremadamente desventajoso para ella. Lo peor era que había dos mujeres que no podían luchar.

“¡Al suelo!”

Zheng de repente sacó varias granadas. Quitó los anillos sin dudar, y las arrojó en las Esfinges. Luego cargó contra la Esfinge entre él e Imhotep.

Fue como si toda la tumba temblara bajo las explosiones. Los montículos de arena cayeron de las grietas, pero las Esfinges también se convirtieron en polvo y no pudieron recuperarse durante un tiempo.

La onda de choque también impactó a Imhotep. Él perdió la noción del paradero de Zheng cuando se recuperó. La Esfinge delante de él estaba todavía intacta. Mientras buscaba alrededor, un viento barrió desde arriba. Imhotep al instante se convirtió en una tormenta de arena y esquivó hacia un lado. Sin embargo, él se enfureció cuando se detuvo.

Zheng utilizó la garra de la Esfinge como soporte y se levantó durante la explosión. Pasó a Imhotep y se fue directamente hasta el altar de atrás. El instinto de Imhotep le hizo esquivar a un lado, por lo que Zheng podía llegar al altar, ¡donde la momia de Anck-su-Namun estaba!

Zheng recogió la daga con la mano derecha tan pronto como aterrizó. Luego señaló con el puño izquierdo a Anck-su-Namun y gritó. “¡Haz que se detengan! O ¡voy a aplastarla! ¡Estoy usando un ataque espiritual!”

Las momias estaban sólo a unos metros de distancia de Yinkong y las Esfinges recién se habían recuperado, las granadas eran ataques normales después de todo. La muerte de las tres mujeres era inminente si Zheng no hubiese hecho su movimiento.

Imhotep inmediatamente le gritó a las momias y Esfinges que se detengan. Estos monstruos rodearon a las tres mujeres.

Zheng tomó aire y dijo con frialdad. “Déjalas salir de la tumba. Nosotros como hombres resolveremos esta pelea. No arrastres a las mujeres en esto.”

Imhotep respondió. “Está bien, voy a dejarlas salir. ¡Deja ir a Anck-su-Namun ahora! Prometo que las dejare salir de la tumba.”

Zheng se burló. “¿Confiar en ti? ¿Qué acababas de decir sobre los sacrificios que ya estaban aquí? ¡Voy a hacerlo de modo que no necesites ninguna ofrenda! ¡Escuchen mi orden! Yinkong, ¡las tres vengan a mí lado!”

La cara de Imhotep se torció. Las momias parecían a punto de atacar, pero Imhotep les miró fríamente mientras las tres mujeres caminaban a través de los monstruos. Suspiró cuando Yinkong tomó el puñal de Zheng. “¿Es suficiente? ¿Puedes dejar de lado a Anck-su-Namun ahora?”

Zheng dijo. “No voy a confiar en ti. Déjanos salir de la tumba así. Prometo que voy a dejar ir a esta momia, una vez que dejemos la tumba. ¡No daré vuelta a mis palabras como lo hiciste!”

Imhotep estaba silencioso. Miró como Zheng recogió a la momia y se dirigió hacia el túnel, mientras le devolvía la mirada a él.

Los cuatro tenían sus espaldas en el túnel. Pero desde que el puño de Zheng estaba apuntando a la momia, no estaban preocupados porque Imhotep haga algo. Cuando estaban a punto de retroceder en el túnel, una figura se topó con ellos. Zheng y las otras tres personas tropezaron y la momia se alejo del puño de Zheng.

Era O’Connell sosteniendo un libro brillante con una luz dorada. “Ah, todo el mundo, ¡este es el libro de Amón-Ra!”

Imhotep ya había barrido hacia Zheng. Sus manos se aferraron al puño izquierdo de Zheng con fuerza. Las dos manos estaban soltando humo furiosamente, pero también está protegiendo a Anck-su-Namun.

 

Traductor Tordmund Icestorm

Editor Lykanos  

 

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